Javed Iqbal Mughal, conocido como el monstruo de Lahore, confesó en 1999 haber abusado sexualmente y asesinado a 100 niños y adolescentes en Lahore, Pakistán. Es uno de los asesinos en serie con más víctimas de la historia del país, y su caso se destapó de una forma inusual: él mismo envió una carta de confesión a la policía y a un periódico.

Las víctimas

Según su propia confesión, Iqbal atraía a su vivienda a niños y adolescentes de entre 6 y 16 años, en su mayoría niños de la calle, fugitivos o pequeños trabajadores sin protección familiar. Allí los agredía, los mataba y luego intentaba destruir los cuerpos con ácido. Su objetivo, dijo, era que 100 madres lloraran por sus hijos como, según él, su madre había llorado por él.

La carta de confesión

En diciembre de 1999, Iqbal envió una carta a la policía y a Khawar Naeem Hashmi, editor de un periódico de Lahore, en la que se atribuía los 100 asesinatos. Cuando la policía entró en su casa encontró manchas de sangre, una cadena usada para estrangular, fotografías de las víctimas en bolsas etiquetadas con sus nombres y edades, y dos tanques de ácido con restos humanos. Iqbal había dejado parte de la evidencia a la vista a propósito.

La entrega

Tras una búsqueda masiva, el 30 de diciembre de 1999 Iqbal se entregó en las oficinas del diario Jang, en Lahore, porque temía que la policía lo matara si lo capturaba. La policía también detuvo a cuatro adolescentes que compartían su vivienda y a los que se consideró cómplices. Uno de ellos murió poco después bajo custodia policial: las autoridades dijeron que había saltado por una ventana, pero la autopsia indicó que se había usado la fuerza.

El juicio y una sentencia polémica

El 16 de marzo de 2000, el juez Allah Bakhsh Ranjha lo declaró culpable y lo condenó a muerte con una sentencia que causó conmoción internacional: ordenó que fuera estrangulado frente a los padres de sus víctimas, que su cuerpo fuera cortado en 100 pedazos y disuelto en ácido, «de la misma forma en que mató a los niños». El ministro del Interior, Moinuddin Haider, respondió que ese castigo no estaba permitido y que no se aplicaría, y el principal órgano asesor en asuntos islámicos del país también lo consideró contrario al islam.

Su muerte en prisión

El 9 de octubre de 2001, mientras sus apelaciones seguían pendientes, Iqbal y su cómplice Sajid Ahmed aparecieron ahorcados en sus celdas de la cárcel de Kot Lakhpat, en Lahore. La versión oficial fue suicidio con las sábanas de la cama, pero las autopsias revelaron señales de golpes previos, lo que alimentó sospechas nunca confirmadas sobre lo ocurrido. Ningún familiar reclamó su cuerpo.

Por qué el caso sigue siendo relevante

El caso de Javed Iqbal es un referente en Pakistán sobre la extrema vulnerabilidad de los niños de la calle, cuyas desapariciones pasaron inadvertidas durante meses. También abrió un debate jurídico y de derechos humanos sobre una sentencia que pretendía replicar el crimen como castigo, rechazada por el propio gobierno pese a la magnitud de los hechos.

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Fuentes consultadas

  • Encyclopaedia Britannica, entrada «Javed Iqbal».
  • Wikipedia (en inglés), entrada «Javed Iqbal (serial killer)».
  • Serial Killer Calendar, «Serial killer Javed IQBAL – AKA Kukri».
  • TRT World, «Rape, dissolve in acid: How Pakistan’s serial killer murdered 100 children».
  • Bugged Space, «Javed Iqbal; The Pakistani Serial Killer Who Killed 100 Young Boys Because He Wanted ‘100 Mothers To Cry'».
  • Vocal Media, «Javed Iqbal Case: Pakistan’s Most Shocking True Crime Story».

Nota editorial: este artículo omite deliberadamente los detalles más extremos de los crímenes y presenta las dudas sobre la muerte de Iqbal como sospechas nunca confirmadas frente a la versión oficial de suicidio.