El caso conocido como «West Mesa Bone Collector» (el Coleccionista de Huesos de West Mesa), en Albuquerque, Nuevo México, es uno de los casos de asesinato en serie sin resolver más desconcertantes de Estados Unidos: los restos de 11 mujeres y un feto fueron hallados enterrados en una zona desértica en 2009, sin que hasta la fecha de esta publicación se haya presentado un solo cargo formal contra nadie.

El descubrimiento

La mañana del 2 de febrero de 2009, una mujer que paseaba a su perro por una zona desértica al oeste de Albuquerque halló un hueso de pierna humano sobresaliendo de la tierra seca. Lo que en un inicio parecía un hallazgo aislado se convirtió rápidamente en el mayor caso de homicidio en la historia de la Policía de Albuquerque: para cuando los investigadores terminaron de trabajar el sitio, habían recuperado los restos óseos de 11 mujeres y un feto, distribuidos en múltiples ubicaciones dispersas a lo largo de aproximadamente un kilómetro cuadrado de desierto.

Una investigación forense compleja

La policía de Albuquerque, el FBI y la Oficina Médica Forense de Nuevo México excavaron el sitio durante todo 2009, utilizando perros cadavéricos, radar de penetración terrestre y búsquedas sistemáticas por cuadrícula. Antropólogos forenses trabajaron durante meses en un cuidadoso proceso de recuperación e identificación. Las 11 mujeres fueron identificadas mediante registros dentales, comparación de ADN con familiares y análisis óseo.

Un patrón que dificulta la investigación

Según declaró la investigadora de casos fríos Liz Thomson en un video de la Policía de Albuquerque de 2022: «Estas mujeres no fueron baleadas, no hay evidencia de que hayan muerto por disparos o traumatismo por fuerza contundente. Esto complica el caso y lo hace un poco más difícil de resolver porque no tenemos los indicadores claros de qué causó realmente sus muertes.» La mayoría de las víctimas, con la única excepción de Jamie Barela, de 15 años, tenían vínculos con el trabajo sexual y luchaban contra la adicción a las drogas, según la Policía de Albuquerque, aunque familiares han insistido en que eso no las definía como personas.

Dos personas de interés, ninguna acusada

A lo largo de los años, la investigación se concentró en dos hombres como las principales personas de interés. Lorenzo Montoya, quien vivía cerca del área de entierro y tenía una reputación de violencia hacia trabajadoras sexuales, murió en 2006 tras un altercado en el que estranguló a una adolescente antes de ser abatido a tiros; investigadores observaron marcas de neumáticos en el sitio de entierro que conducían hacia una calle cercana a su antigua vivienda. Joseph Blea, un violador convicto que cumple actualmente una larga condena por delitos no relacionados, fue reportado conduciendo con frecuencia por la zona donde trabajaban las víctimas; una etiqueta de planta hallada cerca de uno de los conjuntos de restos generó sospechas adicionales, dado que Blea trabajaba en paisajismo. Es fundamental ser preciso: los investigadores nunca lograron vincular formalmente a ninguno de los dos hombres con las fosas; Blea ha negado cualquier participación, y Montoya murió en 2006, más de dos años antes del hallazgo de las fosas.

Obstáculos forenses persistentes

Un desafío adicional documentado en el caso es que las reglas estatales de ADN de Nuevo México restringen la carga de perfiles genéticos de sospechosos ya fallecidos a las bases de datos de comparación, lo que ha limitado significativamente las posibilidades de vincular post mortem a personas de interés como Montoya con la evidencia genética recuperada del sitio.

Un falso positivo en 2018

En julio de 2018, una cuadrilla de construcción halló restos humanos adicionales cerca del sitio original de West Mesa, generando temor de un descubrimiento relacionado. La Oficina Médica Forense del estado determinó rápidamente que se trataba de huesos de origen nativo americano, databan de entre los años 1100 y 1300, y no tenían relación alguna con las desapariciones investigadas.

Un caso que permanece activo, sin resolución

Según un profesor de comunicación masiva de la Universidad de Nuevo México especializado en el estudio de asesinatos en serie, a menos que alguien con conocimiento directo de los crímenes decida presentarse, es altamente improbable que la policía llegue a declarar el caso oficialmente resuelto. La investigadora Ida Lopez, del grupo de tarea de la calle 118 de la Policía de Albuquerque, ha declinado entrevistas adicionales citando que se trata de un caso activo en curso. Una recompensa de 100.000 dólares por información que lleve a un arresto y condena permanece vigente y sin reclamar hasta la fecha de esta publicación.

Por qué el caso sigue siendo relevante

El caso West Mesa Bone Collector es un referente central en criminología forense sobre los desafíos de investigar asesinatos múltiples cuando la causa exacta de muerte no puede determinarse con claridad forense, y sobre la vulnerabilidad estructural de mujeres vinculadas al trabajo sexual y la adicción a las drogas frente a depredadores que calculan, deliberadamente, que sus desapariciones recibirán menos atención investigativa inmediata por parte de las autoridades y la sociedad.

Expedientes relacionados

Más casos en la sección Asesinos Seriales.

Fuentes consultadas

  • A&E (aetv.com), «The West Mesa Murders: Is the ‘West Mesa Bone Collector’ Still at Large?» y «Will the West Mesa Serial Killer Ever Be Identified?», con la cita textual completa de la investigadora Liz Thomson y el profesor Dirk Gibson.
  • CRBC News, «Bone on a Trail Led to Albuquerque’s West Mesa Mass Graves — The Search for the ‘Bone Collector’ Continues» (2025-2026), con detalle actualizado de las dos personas de interés principales y los obstáculos legales de ADN.
  • Historiqly, «The West Mesa Bone Collector: Albuquerque’s Unsolved Mass Grave», con cronología completa del proceso de identificación forense.
  • All That’s Interesting, «The Disturbing Story Of The West Mesa Murders — And The Serial Killer Who Remains Uncaught», con cronología del descubrimiento inicial de 2009.
  • Chase the Case (Substack), «The West Mesa Bone Collector», con detalle de la recompensa de 100.000 dólares y las personas de interés adicionales investigadas a lo largo de los años.

Nota editorial: este artículo distingue explícitamente entre las dos personas de interés investigadas a lo largo de los años y la ausencia de cualquier cargo formal presentado contra ellas, dado que ninguna ha sido acusada judicialmente y el caso permanece oficialmente sin resolver a la fecha de esta publicación.