Anjette Donovan Lyles, dueña de uno de los restaurantes más populares de Macon, Georgia, en los años cincuenta, fue acusada de envenenar con arsénico a sus dos esposos, a su suegra y a su hija de 9 años entre 1952 y 1958, en un caso que giró en torno al cobro de pólizas de seguro de vida. Su condena a muerte la convirtió en la primera mujer blanca sentenciada a esa pena en la historia de Georgia, pero nunca fue ejecutada.

Una racha de muertes atribuida a la mala suerte

Los vecinos de Macon explicaron al principio las muertes de los dos esposos de Anjette y de su suegra como una simple «mala racha», sin sospechar de ella. No aceptaron esa misma explicación cuando murió también su hija Marcia, de 9 años, una niña sana hasta pocos meses antes de su muerte.

Un patrón de víctimas y seguros de vida

Las víctimas fueron, en orden cronológico: su primer esposo, Ben F. Lyles Jr., fallecido el 25 de enero de 1952; su segundo esposo, Joe Neal «Buddy» Gabbert, fallecido el 2 de diciembre de 1955; su suegra, Julia Lyles, fallecida el 29 de septiembre de 1957; y su hija Marcia Elaine Lyles, fallecida el 5 de abril de 1958. En cada caso, Anjette cobró beneficios de pólizas de seguro de vida.

La investigación

Tras hallarse arsénico en los tejidos de Marcia, los cuerpos de Ben Lyles, Julia Lyles y Buddy Gabbert fueron exhumados por orden judicial y las muestras de los tres dieron positivo para arsénico. Anjette fue arrestada el 6 de mayo de 1958. En el registro de su vivienda se hallaron cajas de veneno para hormigas a base de arsénico.

Una nota falsificada

Al saber que podía ser acusada de asesinato, Anjette presentó una nota supuestamente firmada por su suegra Julia que decía: «Yo soy la causa de la muerte de mi hijo y de la mía propia». Según el testimonio judicial, la nota era falsa: Anjette llevó a una notaria pública dentro del hospital para certificarla y le dijo que Julia Lyles la había firmado.

El vudú en el expediente

Anjette se describía a sí misma como practicante de magia negra y vudú. Al registrar su casa, las autoridades describieron como «parafernalia de vudú» velas, hechizos escritos, pociones, polvos y raíces. Estas prácticas forman parte del registro del caso, pero la acusación se apoyó en el arsénico y en el cobro de los seguros, no en el vudú.

El juicio

El 8 de octubre de 1958 comenzó el juicio en el Tribunal Superior del condado de Bibb, en Macon. Se centró formalmente en el asesinato de su hija Marcia, aunque la fiscalía presentó también evidencia sobre las otras muertes. El caso fue una sensación mediática, con multitudes frente al tribunal y periódicos de alcance nacional que describían a Lyles como una viuda glamorosa de cabello platinado.

El veredicto

Tras una deliberación de una hora y media, el jurado, formado solo por hombres, la declaró culpable de asesinato en primer grado por la muerte de su hija, sin recomendación de clemencia. Minutos después, el juez la sentenció a morir en la silla eléctrica. Fue la primera mujer blanca condenada a muerte en la historia de Georgia.

La apelación

La defensa apeló ante la Corte Suprema de Georgia en 1959, con el argumento de que la evidencia no bastaba para sostener el veredicto y de que se había cometido un error al admitir testimonio sobre las otras presuntas víctimas. El 8 de julio de 1959 la Corte confirmó la sentencia.

Una demencia simulada

Mientras avanzaba la apelación, Anjette se volvió muy religiosa y luego comenzó a simular demencia ante los psiquiatras que la evaluaban. Uno de los médicos que la examinó contó que decía ver ángeles volando por la habitación.

Georgia no estaba lista para ejecutar a una mujer

Tras una breve estancia en el corredor de la muerte de la prisión estatal de Reidsville, el gobernador Ernest Vandiver le concedió un aplazamiento de la ejecución. En 1960 una comisión la declaró legalmente demente y fue enviada al Hospital Estatal de Milledgeville en lugar de a la silla eléctrica.

Sus últimos años y su muerte

En el hospital psiquiátrico siguió estudiando magia y leyendo la fortuna con cartas. Murió de un ataque cardíaco el 4 de diciembre de 1977, a los 52 años, sin haber sido ejecutada ni liberada. Según una de las fuentes consultadas, fue enterrada junto a su segundo esposo y su hija, dos de las personas que había envenenado.

Un caso casi olvidado

Pese a la enorme atención mediática que tuvo en su momento, hoy pocas personas recuerdan el caso de Anjette Lyles, más de seis décadas después de su juicio.

Por qué el caso sigue siendo relevante

El caso Lyles es un referente de la historia criminal de Georgia y muestra cómo la reticencia de mediados del siglo XX a ejecutar mujeres pudo evitar una pena capital ya confirmada por la justicia, incluso en un envenenamiento sistemático de familiares por dinero.

Expedientes relacionados

Fuentes consultadas

  • Wikipedia (en inglés), «Anjette Lyles».
  • HeadStuff, «Anjette Lyles, Restaurateur of Death».
  • Murderpedia, «Anjette Lyles».
  • Grokipedia, «Anjette Lyles».
  • Soapboxie (HubPages), «Anjette Lyles: Murders à la Carte».

Nota editorial: el artículo recoge las prácticas de vudú de Anjette Lyles como parte del registro del caso, sin presentarlas como explicación de los crímenes, que la acusación vinculó con el cobro de seguros de vida.