En 1991, Faye Copeland, de 69 años, y su esposo Ray, de 76, fueron condenados a muerte por el asesinato de cinco hombres vinculados a un esquema de fraude con ganado operado desde su granja en Mooresville, Missouri. Se convirtieron en la pareja de mayor edad jamás sentenciada a muerte en la historia judicial de Estados Unidos. Faye llegó a ser, tras la conmutación de su sentencia en 1999, la mujer de mayor edad en el corredor de la muerte del país en ese momento.
Una vida de fraude antes de los homicidios
Ray Copeland nació en Oklahoma en 1914 y arrastraba, desde mucho antes de los asesinatos, un largo historial delictivo de pequeños hurtos, falsificación de cheques y fraude, que había obligado a la familia Copeland a mudarse constantemente a lo largo de los años. Faye Della Wilson se casó con él en 1940 y tuvieron varios hijos. Con el tiempo, Ray desarrolló un esquema criminal específico: dado que su reputación como estafador le impedía comprar ganado directamente en las subastas, contrataba a hombres vagabundos (drifters) como peones de granja, y les hacía comprar el ganado en su nombre con cheques sin fondos. Una vez que los hombres ya no le eran útiles para el esquema, Ray los mataba de un disparo en la nuca y los enterraba en fosas poco profundas en su propiedad.
El descubrimiento
El caso salió a la luz cuando un antiguo trabajador de la granja alertó a las autoridades de Nebraska sobre huesos humanos que había visto en la propiedad de los Copeland. Aunque las autoridades de ese estado inicialmente se mostraron escépticas, transmitieron la información a los investigadores de Missouri, quienes finalmente organizaron un operativo con 40 agentes, retroexcavadoras y perros rastreadores en la granja. Los Copeland fueron arrestados el 17 de octubre de 1989. Se hallaron los restos de cinco hombres; las autoridades sospecharon que la pareja pudo haber matado a al menos siete personas más cuyos cuerpos nunca fueron recuperados.
La evidencia contra Faye: una lista y una colcha
Faye Copeland fue juzgada por separado y su defensa argumentó que ella desconocía por completo que su esposo fuera un asesino, presentándola como una víctima más de un matrimonio marcado por décadas de maltrato —lo que sus abogados describieron como síndrome de la mujer maltratada—. Sin embargo, la fiscalía presentó dos piezas de evidencia que resultaron decisivas para el jurado: una libreta hallada en la granja con una lista, escrita de puño y letra de Faye —ya que Ray era analfabeto—, con los nombres de los peones que habían trabajado en la granja, doce de los cuales tenían una “X” marcada junto a su nombre; cinco de esos hombres marcados aparecieron muertos, y se cree que los otros siete también podrían haber corrido la misma suerte. La fiscalía presentó además una colcha que Faye había cosido utilizando retazos de ropa perteneciente a los hombres asesinados.
El juicio y la condena (1990-1991)
El juicio de Faye comenzó el 1 de noviembre de 1990. Pese al alegato de su defensa, el jurado la declaró culpable de cuatro cargos de asesinato en primer grado y uno de homicidio involuntario. Según los relatos de la prensa de la época, Faye sollozó sin control al escuchar su sentencia de muerte por inyección letal, impuesta en abril de 1991, la misma pena que recibió su esposo.
La conmutación de 1999 y el destino final de la pareja
Ray Copeland nunca llegó a ser ejecutado: murió de causas naturales en octubre de 1993 en el Centro Correccional de Potosí, Missouri, mientras esperaba su ejecución, a los 78 años. Faye permaneció en el corredor de la muerte hasta 1999, cuando un tribunal federal conmutó su sentencia a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, considerando —según se ha documentado en la revisión posterior del caso— cuestiones relacionadas con la calidad de su defensa original y el contexto de abuso conyugal que rodeó el caso. Una petición pública con 3.000 firmas fue enviada en 1995 al gobernador de Missouri, sosteniendo que Faye no representaría ningún peligro si era liberada.
Los últimos años y la muerte
En agosto de 2002, Faye sufrió un derrame cerebral que la dejó parcialmente paralizada e incapaz de hablar. El entonces gobernador de Missouri, Bob Holden, le concedió una libertad condicional por motivos médicos, cumpliendo lo que se describió como su único deseo: no morir en prisión. Fue trasladada a una residencia de ancianos en su ciudad natal, Chillicothe, Missouri, donde falleció por causas naturales el 23 de diciembre de 2003, a los 82 años, dejando cinco hijos y diecisiete nietos.
Un caso con memoria familiar dividida
El caso de los Copeland sigue generando reacciones encontradas entre sus propios descendientes: comentarios públicos de familiares recogidos en distintos foros muestran a algunos bisnietos y nietos sosteniendo que Faye no tuvo nada que ver con los crímenes, mientras que otros miembros de la comunidad de Chillicothe que crecieron con el caso insisten en que ambos, Ray y Faye, fueron declarados culpables por un tribunal tras un proceso judicial completo. Esa tensión entre la memoria familiar y el veredicto judicial es un rasgo que distingue a este caso de otros de la sección, donde la responsabilidad suele estar menos disputada dentro del propio círculo cercano de la persona condenada.
Fuentes consultadas
- Wikipedia (en inglés), “Ray and Faye Copeland” — cronología judicial completa y datos biográficos.
- St. Louis Public Radio (STLPR) — cobertura de la muerte de Faye Copeland en 2003.
- Lawrence Journal-World (vía AP) — cobertura de su libertad condicional médica y fallecimiento.
- My Crime Library / Murder Database — reconstrucción detallada del esquema de fraude con ganado y el descubrimiento del caso.
- Evil Ladies / Blog of Death — documentación de la evidencia presentada en el juicio de Faye, incluida la lista manuscrita y la colcha.
Nota editorial: caso judicialmente cerrado; ambos condenados fallecieron por causas naturales, Ray en 1993 en prisión y Faye en 2003 tras una libertad condicional médica. El alegato de síndrome de la mujer maltratada presentado por la defensa de Faye se consigna como argumento defensivo que el jurado no aceptó como eximente de responsabilidad.