Entre 1980 y 1982, en distintas localidades de Florida —Perry, Lakeland, Blountstown—, cinco niños murieron mientras estaban bajo el cuidado de la misma niñera adolescente: Christine Falling. Durante meses, cada muerte se atribuyó individualmente a causas naturales —meningitis, miocarditis, síndrome de muerte súbita del lactante—, hasta que la acumulación de casos vinculados a la misma persona resultó imposible de ignorar. Falling se declaró culpable en 1982 de tres de los homicidios, a cambio de que el estado no persiguiera cargos por otras dos muertes ni buscara la pena de muerte. Cumple cadena perpetua desde entonces.
Una infancia marcada por la inestabilidad
Christine Laverne Slaughter nació el 12 de marzo de 1963 en Perry, Florida, la menor de una familia pobre; su padre tenía 65 años al momento de su nacimiento y su madre, apenas 16. Según relatos posteriores de su historia clínica y familiar, Falling padecía epilepsia, requería medicación regular para controlar sus convulsiones, y mostró desde niña un comportamiento perturbador hacia los animales: se le atribuye haber dejado caer gatos desde alturas peligrosas “para probar sus siete vidas” y haberlos estrangulado como forma, según ella misma describió, de “mostrarles su amor”. A los nueve años, ella y su hermana fueron enviadas a un refugio infantil en Orlando durante un año. A los 14 años, en 1977, se casó con un hombre de veintitantos.
El patrón: cinco muertes en poco más de dos años
La primera muerte vinculada a Falling ocurrió mientras cuidaba a Cassidy Marie “Muffin” Johnson, de dos años, en febrero de 1980; los médicos determinaron en su momento que la niña había muerto de meningitis causada por un traumatismo, después de que Falling declarara que la pequeña se había caído de su cuna. Un médico, escéptico ante esa explicación, envió una nota a la policía solicitando que se investigara a la niñera; la nota nunca llegó a su destino y el caso se cerró sin más trámite.
Dos meses después, Jeffrey Davis, de cuatro años, murió bajo su cuidado; la autopsia sugirió miocarditis, aunque los médicos sospecharon que podían existir otros factores involucrados. Tres días más tarde, mientras la familia de Jeffrey asistía a su funeral, alguien pidió a Falling que cuidara a Joseph Spring, primo del niño fallecido, de dos años; Joseph murió esa misma tarde mientras dormía la siesta, con una infección viral señalada como posible causa. En julio de 1981, la bebé Jennifer Daniels, de ocho meses, murió mientras su madre había salido a hacer las compras, dejándola al cuidado de Falling. En julio de 1982, Travis DeWayne Coleman, de diez semanas, murió repentinamente en la vivienda de Falling en Blountstown.
Solo entonces, ante la acumulación de cinco muertes en poco más de dos años, todas ocurridas bajo el cuidado de la misma persona, las autoridades del panhandle de Florida decidieron investigar más allá de las explicaciones médicas individuales que se habían dado a cada caso por separado.
El arresto y la confesión
Falling fue arrestada y acusada de asesinato en primer grado por las muertes de Cassidy Johnson y Travis Coleman. Según describió ella misma en su confesión, citada en registros judiciales: “La ahorqué hasta que dejó de respirar y se puso morada”. Falling relató haber escuchado voces que le ordenaban matar a los bebés colocándoles una manta sobre el rostro, aunque el móvil de fondo de sus actos nunca quedó completamente esclarecido más allá de esa explicación.
El acuerdo de culpabilidad (1982)
En 1982, con 19 años, Falling se declaró culpable de tres de los homicidios. A cambio, el estado de Florida se comprometió a no perseguir cargos formales por las otras dos muertes vinculadas a ella ni a solicitar la pena de muerte —una posibilidad real dado que, según se documentó, el caso podría no haberse resuelto judicialmente en absoluto si ella misma no hubiera confesado—. Fue sentenciada a cadena perpetua.
La audiencia de libertad condicional de 2017
Tras cumplir 25 años de condena, Falling se convirtió en elegible para libertad condicional. En su audiencia de 2017, la fiscalía se opuso firmemente a su liberación: según declararon los fiscales ante el panel de revisión, “la llamada niñera del infierno no merecía clemencia”. La junta de libertad condicional de Florida denegó su solicitud, y Falling permanece encarcelada en la Institución Correccional Lowell, en Ocala, Florida.
Un caso de manual sobre el punto ciego médico de la época
El caso de Christine Falling se cita habitualmente en la literatura sobre homicidio infantil como ejemplo de un punto ciego médico particular de su época: en la Florida de comienzos de los años ochenta, la ausencia de un sistema centralizado que cruzara las causas de muerte infantil registradas por distintos médicos en distintas localidades permitió que cinco muertes, cada una individualmente explicable por causas naturales, pasaran más de dos años sin conectarse entre sí, pese a que todas compartían el mismo denominador común evidente: la misma cuidadora.
Casos relacionados
- Marybeth Tinning: el caso de las nueve muertes infantiles que tardó 13 años en investigarse
- Genene Jones: la enfermera que mató bebés y casi quedó libre
- Amelia Dyer: la baby farmer victoriana y su caso real
Fuentes consultadas
- Wikipedia (en inglés) — datos judiciales, condena y situación penitenciaria actual.
- Murderpedia — cronología general del caso.
- WJHG (Florida) — cobertura de la audiencia de libertad condicional de 2017 y su resultado.
- Oxygen (“Florida Man Murders”) — reconstrucción biográfica y contexto de su infancia.
- Murder Database / Teens Who Kill — reconstrucción detallada de las cinco muertes vinculadas al caso y la investigación inicial.
Nota editorial: Christine Falling está viva y cumple cadena perpetua; su solicitud de libertad condicional fue denegada en 2017. Este artículo evita el detalle clínico innecesario dado que las víctimas fueron niños pequeños y bebés.