
El hallazgo del Támesis
El 30 de marzo de 1896, un barquero recuperó del Támesis, a la altura de Reading, un paquete que contenía el cuerpo de una bebé, Helena Fry. En el papel de embalar, la policía encontró una etiqueta con una dirección y un nombre. Esa etiqueta destapó al que probablemente sea el caso de asesinatos en serie más letal de la historia británica: el de Amelia Dyer, una “baby farmer” —cuidadora de bebés a cambio de dinero— que durante unos treinta años recibió a niños de madres desesperadas y, en un número imposible de determinar pero que los historiadores estiman en varias decenas y potencialmente centenares, los mató.
Dyer fue juzgada y condenada por un único asesinato, el de la bebé Doris Marmon, y ejecutada el 10 de junio de 1896. Toda cifra superior es una estimación histórica, y así debe leerse.
Qué era el “baby farming”: el contexto que hizo posible el crimen
En la Inglaterra victoriana, una madre soltera estaba socialmente condenada. La Poor Law de 1834 había eliminado casi toda obligación del padre, el trabajo doméstico —principal empleo femenino— expulsaba a las embarazadas, y no existía adopción legal regulada. De esa desesperación nació una industria: los anuncios en prensa de mujeres que, por una tarifa semanal o un pago único, ofrecían “adoptar” o criar al bebé. Muchas cuidadoras eran honestas. Pero el modelo de pago único creaba un incentivo atroz: el bebé que moría pronto era beneficio neto. La mortalidad en manos de las peores “baby farmers” —por hambre, opio (“Godfrey’s Cordial”) o negligencia deliberada— fue un escándalo denunciado por el British Medical Journal y por reformadores desde la década de 1860.
No dejaba morir a los bebés a su cargo: los mataba, habitualmente por estrangulamiento con cinta de costura, y se quedaba con el pago.
La trayectoria documentada
Amelia Dyer (nacida Amelia Hobley hacia 1837 cerca de Bristol) se formó como enfermera y entró en el negocio del cuidado infantil hacia finales de la década de 1860. Su historial muestra un patrón de escapes reiterados al sistema: en 1879 fue condenada, pero solo a seis meses de trabajos forzados por negligencia —no por asesinato—, después de que un médico se alarmara por la cantidad de certificados de defunción que firmaba para bebés a su cargo. A partir de entonces dejó de llamar a médicos y comenzó a deshacerse directamente de los cuerpos, según la reconstrucción del caso.
Se internó varias veces en asilos psiquiátricos —los historiadores debaten si por trastornos reales o como refugio estratégico cuando la presión aumentaba— y cambió de nombre y de ciudad repetidamente (Bristol, Cardiff, Reading), lo que le permitió operar sin historial visible.
La caída: la etiqueta que la delató
La etiqueta del paquete de Helena Fry condujo a una tal “señora Thomas” en Reading: Amelia Dyer. La policía de Reading montó una operación con una compradora señuelo y la detuvo el 4 de abril de 1896. El dragado del Támesis recuperó seis cuerpos más, incluidos los de Doris Marmon y Harry Simmons, los últimos bebés recibidos por Dyer. La evidencia clave fue tan sencilla como demoledora: cada cuerpo tenía cinta de costura al cuello, y Dyer declaró a la policía una frase recogida en el expediente: por la cinta “sabrían cuáles eran suyos”.
La correspondencia hallada en su casa sugería un volumen de actividad enorme: solo en los meses previos, decenas de madres habían tratado con ella. De ahí, y de sus tres décadas de actividad, proceden las estimaciones históricas que la sitúan potencialmente entre los asesinos más prolíficos de la historia; la cifra exacta es incognoscible.
Juicio y ejecución
El juicio en el Old Bailey, en mayo de 1896, duró poco. La defensa alegó demencia, apoyándose en sus internamientos psiquiátricos; la fiscalía sostuvo que los internamientos coincidían sospechosamente con los momentos de peligro. El jurado deliberó menos de cinco minutos y la declaró culpable del asesinato de Doris Marmon. Fue ahorcada en la prisión de Newgate el 10 de junio de 1896, a los 58 años.
Las consecuencias: el caso que cambió la ley
El caso Dyer tuvo un efecto que trasciende la crónica: aceleró la regulación británica del cuidado y la adopción infantil. Las Infant Life Protection Acts se endurecieron (1897) y la Children Act de 1908 amplió la supervisión estatal sobre quienes cuidaban niños a cambio de dinero. La lección estructural es la misma que en otros casos de esta sección: Dyer no operó en el vacío, sino en el hueco que dejaban la ley, el estigma y la pobreza. Mientras existió una demanda desesperada de madres sin opciones y una oferta sin supervisión, el sistema produjo exactamente lo que sus incentivos permitían.
¿Quién fue Amelia Dyer? +
¿Por cuántos asesinatos fue condenada? +
¿Cómo la descubrió la policía? +
¿Qué era el “baby farming”? +
¿Por qué no fue detenida antes, si ya había sido investigada en 1879? +
¿Cambió este caso las leyes de adopción en Reino Unido? +
Fuentes
Este expediente se basa en documentación judicial e histórica, entre ellas: actas del proceso del Old Bailey de mayo de 1896 (Old Bailey Proceedings Online); cobertura de The Times y la prensa británica de 1896 sobre la investigación de Reading y los hallazgos del Támesis; Alison Rattle y Allison Vale, “The Woman Who Murdered Babies for Money: The Story of Amelia Dyer” (2011); denuncias contemporáneas del British Medical Journal sobre el baby farming; legislación británica Infant Life Protection Acts (1872, 1897) y Children Act (1908). Consultado en julio de 2026.