Los llamados «Alphabet Murders» (Asesinatos del Alfabeto) o «Double Initial Murders» (Asesinatos de Doble Inicial) son una serie de tres homicidios sin resolver de niñas de 10 y 11 años, ocurridos en Rochester, Nueva York, entre 1971 y 1973. El caso es recordado por un patrón perturbador y aparentemente deliberado: cada víctima tenía nombre y apellido que comenzaban con la misma letra, y cada cuerpo fue hallado en un pueblo cuyo nombre comenzaba con esa misma inicial.

Un patrón que se reveló gradualmente

El 16 de noviembre de 1971, Carmen Colón, de 10 años, desapareció a solo una cuadra y media de su casa mientras hacía un mandado. Dos días después, un par de adolescentes en bicicleta hallaron su cuerpo cerca del suburbio de Chili, Rochester —un pueblo cuya inicial coincidía con la de su nombre—. En un primer momento, la coincidencia entre las iniciales del nombre de la víctima y el lugar donde fue hallado su cuerpo pareció carecer de significado, una mera casualidad.

Un segundo crimen que confirmó el patrón

El patrón se volvió innegable cuando, en abril de 1973, Wanda Walkowicz, de 11 años, fue hallada asesinada en el pueblo de Webster —nuevamente, coincidiendo con la inicial de su nombre—. Testigos reportaron haberla visto subir a un vehículo marrón poco después de salir de un supermercado. A diferencia de Carmen, tanto Wanda como la tercera víctima, Michelle Maenza, de 11 años, hallada en noviembre de 1973 en el pueblo de Macedon, fueron estranguladas por detrás, con marcas de ligadura en el cuello que sugerían el uso de un objeto similar a un cinturón —un método que, según documentan los investigadores, difería ligeramente del utilizado en el caso de Carmen, generando dudas sobre si los tres crímenes fueron cometidos por la misma persona.

Una investigación pública masiva

A comienzos de 1972, cinco enormes carteles publicitarios, cada uno de 9 por 3,6 metros, fueron instalados a lo largo de las principales autopistas de Rochester, cada uno con una fotografía de 2,4 metros de altura de Carmen Colón junto al titular: «¿Sabes quién mató a Carmen Colón?», ofreciendo una recompensa de 6.000 dólares por información que llevara al arresto y condena del responsable. Sin embargo, la investigación ya había llegado a un punto muerto: el 21 de diciembre de 1971, antes incluso de que se instalaran los carteles, el número de investigadores asignados de tiempo completo al caso se había reducido a solo tres.

Un sospechoso prometedor, descartado por ADN

Décadas después, la atención se centró en Joseph Naso, un asesino en serie condenado en 2013 por el asesinato de al menos cuatro mujeres en California, cuatro de las cuales también tenían nombres de doble inicial coincidente —incluyendo, de forma inquietante, a una víctima californiana también llamada Carmen Colón—. Naso era originario de Rochester y había vivido allí durante principios de la década de 1970, la misma época de los crímenes originales. Sin embargo, es fundamental ser preciso: análisis de ADN confirmaron que el perfil genético de Naso no coincidía con las muestras de semen recuperadas del cuerpo de Wanda Walkowicz, lo que efectivamente lo descartó como responsable de ese crimen específico, a menos que los asesinatos hubieran sido cometidos por más de una persona actuando de forma independiente.

Un sospechoso familiar, nunca acusado

En el caso específico de Carmen Colón, investigadores centraron fuertes sospechas en su tío, Miguel Colón, hermano del padre de la niña, quien había desarrollado una relación cercana con la madre de Carmen tras la separación de sus padres. Pese a la evidencia circunstancial acumulada en su contra, nunca admitió culpabilidad ni fue formalmente acusado del crimen.

Dudas persistentes entre los propios investigadores

Robert Hetzke, un detective que trabajó en el caso en 2009, reflexionó sobre la naturaleza ambigua del patrón central del caso: «Tienes esta aura de las iniciales… ¿Están conectadas? ¿No lo están? No lo sabemos.» Es posible, según análisis posteriores, que la coincidencia de las iniciales dobles fuera simplemente una casualidad estadística, dado que los nombres aliterativos eran una tendencia común en la época en que nacieron las víctimas, lo que complica considerablemente la interpretación del patrón como evidencia deliberada de un único responsable.

Un caso que probablemente nunca se resuelva

Con evidencia vaga, cientos de hombres del área de Rochester que en su momento encajaban con el perfil del sospechoso, y la mayoría de los sospechosos originales ya fallecidos décadas después, los investigadores actuales reconocen que es altamente probable que los Alphabet Murders permanezcan sin resolver de forma permanente.

Por qué el caso sigue siendo relevante

El caso de los Alphabet Murders es un referente central en criminología sobre los riesgos de sobreinterpretar patrones aparentemente significativos —en este caso, la coincidencia de iniciales— como evidencia de premeditación deliberada por parte de un único responsable, sin contar con corroboración forense sólida, y sobre el impacto duradero que este tipo de casos sin resolver puede tener en las prácticas de seguridad infantil y protocolos de investigación de una comunidad durante más de cinco décadas.

Expedientes relacionados

Más casos en la sección Asesinos Seriales.

Fuentes consultadas

  • Wikipedia (en inglés), entradas «Alphabet murders» y «Joseph Naso», con cronología judicial verificada del descarte de Naso mediante análisis de ADN.
  • All That’s Interesting, «The Story Of The Alphabet Murders, The Unsolved 1970s Killings That Targeted Girls With Double Initials», con cronología completa de los tres crímenes y la campaña de carteles publicitarios de 1972.
  • Vocal Media, «The Alphabet Killer», con la cita textual completa del detective Robert Hetzke sobre las dudas persistentes acerca del patrón central del caso.
  • The Wellsville Sun, «Revisiting ‘The Alphabet Murders’: Rochester’s Chilling Unsolved Mystery» (2025), con detalle actualizado sobre el impacto duradero del caso en la comunidad de Rochester.
  • Medium (The History Insider), «The Alphabet Murders That Terrified Rochester, NY For Three Years Remains Unsolved Today», con detalle de las sospechas contra Miguel Colón, tío de la primera víctima.

Nota editorial: este artículo distingue explícitamente entre el sospechoso más prominente investigado en años recientes (Joseph Naso), formalmente descartado mediante evidencia de ADN, y las sospechas circunstanciales nunca confirmadas contra un familiar de la primera víctima, sin atribuir responsabilidad penal a ninguna persona específica dado que el caso permanece oficialmente sin resolver.