En abril de 2008, la clínica de diálisis DaVita de Lufkin, Texas, registró un número de emergencias médicas tan anómalo que un jefe de bomberos local envió una carta de alerta a las autoridades sanitarias del estado: en dos semanas se habían realizado 16 traslados de emergencia, frente a solo dos en los quince meses anteriores. La investigación que siguió determinó que una técnica y enfermera de la clínica, Kimberly Clark Saenz, había estado inyectando lejía (hipoclorito de sodio) en las vías de diálisis de varios pacientes. Cinco de ellos murieron.

Saenz fue condenada en 2012 por asesinato capital y sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, en uno de los pocos casos de homicidio en serie documentados dentro de una clínica de diálisis en Estados Unidos.

La clínica y las primeras señales

DaVita, una de las mayores operadoras de clínicas de diálisis de Estados Unidos, dirigía el centro de Lufkin, donde pacientes con insuficiencia renal acudían regularmente —muchos hasta tres veces por semana— para someterse a sesiones de varias horas conectados a máquinas que filtraban su sangre. La lejía se usaba habitualmente en la clínica como desinfectante de sillas y equipos entre pacientes, lo que la convertía en una sustancia accesible sin levantar sospechas inmediatas.

En abril de 2008, dos pacientes declararon haber visto a Saenz inyectar lejía directamente en la vía de otros dos compañeros de tratamiento, Marva Rhone y Carolyn Risinger, mientras inspectores estatales se encontraban presentes en la clínica por las alertas previas. Saenz fue enviada a casa de inmediato; la clínica cerró temporalmente y DaVita la despidió al día siguiente.

Los cargos: cinco muertes, cinco heridos

Un año después, en 2009, Saenz fue formalmente acusada de matar a cinco pacientes —Clara Strange, Thelma Metcalf, Garlin Kelley, Cora Bryant y Opal Few— e inyectar deliberadamente lejía a otros cinco que sobrevivieron con lesiones graves. Ante un gran jurado, declaró que se sentía “atropellada” (railroaded) por la clínica y que “nunca inyectaría lejía a un paciente”; también reconoció haber investigado por su cuenta los efectos del envenenamiento por lejía, alegando que quería entender “si esto estaba pasando, cuáles serían los efectos secundarios” —una explicación que la fiscalía usó en su contra durante el juicio.

El juicio: cuatro semanas y una defensa de sabotaje corporativo

El juicio se celebró en el condado de Angelina en 2012. La defensa, encabezada por Ryan Deaton, sostuvo que Saenz estaba siendo señalada como responsable de fallos sistémicos de la clínica —incluida una purificación de agua deficiente— y llegó a sugerir que funcionarios de DaVita habían fabricado pruebas en su contra para proteger a la empresa de responsabilidad civil. La fiscalía calificó ese argumento de “absolutamente ridículo” y presentó testimonios de excompañeros que describieron el protocolo estricto de medición de lejía en la clínica, así como el testimonio de un enfermero que declaró que Saenz “no pareció importarle” cuando le notificó el deterioro de la paciente Clara Strange.

Tras cuatro semanas de testimonio y catorce horas de deliberación, el jurado la declaró culpable el 30 de marzo de 2012 de un cargo de asesinato capital (por la muerte de al menos dos de las cinco víctimas) y tres cargos de agresión agravada. El 2 de abril de 2012 fue sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, evitando la pena de muerte que la fiscalía también tenía disponible.

La apelación

Saenz apeló la condena, argumentando insuficiencia de pruebas. En 2015, el Tribunal de Apelaciones de Texas confirmó la sentencia, señalando que el jurado pudo razonablemente concluir, más allá de duda razonable, que las muertes de las cinco pacientes durante el mes de abril fueron resultado de sus acciones.

Dónde está hoy

Kimberly Clark Saenz cumple cadena perpetua en una instalación del sistema penitenciario de Texas. Nunca será elegible para libertad condicional.

Por qué el caso es distinto a otros de “ángeles de la muerte”

A diferencia de Beverley Allitt o Kristen Gilbert, cuyo perfil clínico y psiquiátrico ha sido objeto de extenso análisis, el caso de Saenz se ha estudiado más por lo que reveló sobre el control de calidad en las clínicas de diálisis privadas en Estados Unidos: fue precisamente la alerta de un jefe de bomberos local —no un protocolo interno de la clínica— la que puso en marcha la investigación estatal que finalmente destapó el patrón.

Fuentes consultadas

  • Kimberly Clark Saenz v. The State of Texas (2015), Tribunal de Apelaciones de Texas — confirmación de la condena.
  • Associated Press / CBS News Texas — cobertura del juicio, veredicto y sentencia de 2012.
  • The Daily Sentinel (Lufkin, Texas) — cobertura local del juicio y reacciones de las familias de las víctimas.
  • Murderpedia — cronología del caso.
  • Fox News — cobertura de la investigación inicial de 2008-2009.

Nota editorial: Kimberly Clark Saenz está viva y cumple una condena firme sin posibilidad de libertad condicional.