
Los hechos documentados: el secuestro de Teresita Guitart
Pocas figuras de la crónica negra española son tan conocidas como Enriqueta Martí, “la Vampira del Raval”: la mujer que, según la leyenda, secuestraba niños en la Barcelona de principios del siglo XX para prostituirlos ante clientes ricos y fabricar ungüentos con sus restos. Es una historia repetida en libros, rutas turísticas, series y películas, pero buena parte de ella no resiste el contraste con los documentos.
Enriqueta Martí Ripoll nació en 1868 en Sant Feliu de Llobregat y llegó joven a Barcelona, donde vivió en la precariedad: trabajó como sirvienta, costurera, curandera y ejerció la prostitución, movéndose por los pisos humildes del Raval, entonces conocido como el “Barrio Chino”.
En febrero de 1912 desapareció Teresita Guitart Congost, una niña cuya búsqueda conmocionó Barcelona. Tras más de dos semanas, una vecina afirmó haber visto a una niña con el pelo rapado en el balcón del número 29 de la calle Ponent, donde vivía Martí. La policía entró en la vivienda y encontró allí a Teresita, junto con otra niña. Enriqueta Martí fue detenida. Estos hechos —el secuestro, el hallazgo y la detención— están documentados y no los discute ningún historiador.
Se confirmó que secuestró a una niña. No se confirmó que matara a nadie: esa distancia entre lo probado y lo contado es la verdadera historia.
Lo que la prensa convirtió en leyenda
A partir de la detención, la prensa de la época construyó un monstruo. Los primeros peritajes afirmaron que huesos hallados en las viviendas vinculadas a Martí pertenecían a niños pequeños, y los diarios hablaron de una red de proxenetismo infantil al servicio de clientes adinerados, de ungüentos elaborados con restos humanos y de decenas de víctimas.
Pero el propio expediente contradijo el relato: un segundo dictamen pericial, realizado por catedráticos y forenses con mejores medios, concluyó que los huesos no eran humanos sino de animales —el supuesto cráneo infantil era de un carnero, el pelo era de conejo, y en la vivienda había vivido antes un criador de conejos—. Solo uno de los huesos era humano, y pertenecía a una persona de unos veinte años, sin que se estableciera relación con crimen alguno. Las supuestas conexiones con clientes de la alta sociedad jamás se investigaron seriamente ni produjeron una sola acusación, según coinciden las revisiones históricas del caso.
Por qué se fabricó el mito
Los historiadores que han revisado el caso apuntan a una tormenta perfecta: una ciudad partida entre modernidad y miseria, un barrio estigmatizado, una prensa sensacionalista en plena expansión y una sociedad que necesitaba un chivo expiatorio. Martí era pobre, mujer, enferma y marginal: la figura perfecta sobre la que proyectar los miedos de la Barcelona burguesa, incluidos los rumores —nunca probados judicialmente— sobre redes de explotación infantil que salpicaban a las élites.
Una teoría sostiene, sin confirmación documental, que el mito sirvió precisamente para enterrar esas sospechas: convertido el caso en la historia de una bruja solitaria, nadie tuvo que investigar a los poderosos. Es una hipótesis plausible defendida por parte de la historiografía, pero conviene presentarla como lo que es: una interpretación, no un hecho probado.
El final: muerte sin juicio
Enriqueta Martí nunca llegó a sentarse en el banquillo. Murió en la cárcel el 13 de mayo de 1913, oficialmente a causa de una enfermedad (las fuentes citan cáncer), antes de que comenzara el juicio. Su muerte alimentó una última capa de leyenda: la sospecha, difundida por la prensa amarilla, de que había sido envenenada para silenciarla antes de que delatara a sus supuestos clientes. Nada de eso se comprobó jamás.
El resultado judicial del caso es, por tanto, este: una acusación formal por el secuestro de Teresita Guitart, ninguna condena —porque murió antes del juicio— y ningún homicidio probado.
La Vampira en la cultura: del morbo a la revisión histórica
Durante un siglo, la versión monstruosa dominó: la casa de Martí fue lugar de peregrinación morbosa y su apodo quedó incorporado al imaginario barcelonés. Pero la cultura reciente ha empezado a incorporar la revisión histórica: la película “La vampira de Barcelona” (2020), de Lluís Danés, presenta a Martí más como víctima de su época que como verdugo, en línea con la historiografía actual, y la novela “La mala dona” de Marc Pastor había explorado antes el caso combinando rigor y ficción.
El de Enriqueta Martí es uno de los grandes ejemplos de cómo se fabrica una asesina serial legendaria: un crimen real (el secuestro), una acusada que encaja en los prejuicios de la época, una prensa sin escrúpulos y un siglo de repetición acrítica.
¿Quién fue Enriqueta Martí, “la Vampira del Raval”? +
¿De qué se le acusó realmente? +
¿Es cierto que mataba niños para fabricar ungüentos? +
¿Por qué se le llama “vampira” si no fue condenada por asesinato? +
¿Cómo murió Enriqueta Martí? +
¿Qué dice la historiografía reciente sobre el caso? +
Fuentes
Este expediente se basa en documentación histórica y periodística, entre ellas: Elsa Plaza, “Desmontando el caso de la Vampira del Raval” (Editorial Sílex, 2014); Jordi Corominas, “El caso Enriqueta Martí”, recogido por Público; revisión hemerográfica de la prensa de 1912 realizada por El Extraordinario, incluidos los dictámenes periciales; Infobae España, cronología del caso y muerte de Martí en prisión; Libertad Digital, síntesis de la revisión historiográfica. Consultado en julio de 2026.