El 15 de julio de 1936, Charlotte Bryant fue ahorcada en la prisión de Exeter, Inglaterra, por el envenenamiento con arsénico de su esposo Frederick Bryant, ocurrido en su domicilio de Coombe, cerca de Sherborne, Dorset, en diciembre de 1935. Fue la última mujer ejecutada en esa prisión y la última condenada a muerte en el condado de Dorset. Su caso, descrito por historiadores del derecho penal británico como “una de las causas más inusuales de la época”, se sostuvo enteramente sobre prueba circunstancial —nadie la vio jamás comprar ni administrar el veneno— y, poco después de la condena, un profesor universitario de química cuestionó públicamente la fiabilidad de parte de la evidencia forense presentada en el juicio.
Una familia numerosa y un amante bajo el mismo techo
Charlotte Bryant, de soltera McHugh, nació el 14 de febrero de 1903 en Derry, Irlanda, y conoció a su futuro esposo, Frederick, en 1922, durante la presencia de tropas británicas en el condado de Londonderry en el contexto de la Guerra de Independencia irlandesa. La pareja se mudó a Inglaterra y tuvo cinco hijos, estableciéndose finalmente en una vivienda en Coombe, cerca de Sherborne, Dorset, donde también residía un inquilino, Leonard Parsons, con quien Charlotte mantenía una relación extramarital abierta. Según los relatos de la época, Frederick parecía no darle mayor importancia a esta relación.
La enfermedad y la muerte de Frederick Bryant
A lo largo de 1935, Frederick sufrió tres episodios de enfermedad de gravedad creciente, con síntomas —dolor abdominal intenso, vómitos, diarrea— que en su momento se atribuyeron a gastroenteritis, un diagnóstico particularmente engañoso porque coincide casi punto por punto con los síntomas del envenenamiento crónico por arsénico. Murió el 22 de diciembre de 1935, tras un episodio final desencadenado, según el testimonio de una testigo clave, por una bebida de Oxo (un concentrado de caldo de carne muy popular en la época) que Charlotte le habría preparado esa noche. El médico que lo atendió se negó a firmar el certificado de defunción y solicitó una investigación. La autopsia halló 4 gramos de arsénico en su organismo.
La evidencia: una lata, cenizas y ausencia de testigos directos
La investigación policial de la vivienda halló una lata que había contenido herbicida a base de arsénico, descartada entre la basura, así como restos de arsénico en estantes de la cocina, en la caldera de la casa y en los bolsillos del abrigo de Charlotte. Lucy Ostler, otra residente de la casa, declaró contra Charlotte, señalando que la noche de la muerte de Frederick esta le había preparado la bebida de Oxo tras la cual él sufrió un vómito violento, y que en otras ocasiones Charlotte habría expresado su deseo de librarse de su esposo. Leonard Parsons, el amante, fue interrogado pero contaba con una coartada y fue descartado como sospechoso; sin embargo, el propio proceso reconoció posteriormente que Parsons había sido la única persona vista manejando directamente arsénico en la vivienda, un dato que no impidió que la investigación se concentrara en Charlotte.
Crucialmente, ningún testigo la vio jamás comprar el veneno: un farmacéutico local reconoció a la mujer que había comprado arsénico en su tienda, pero declaró que, pese a conocerla, sería incapaz de identificarla formalmente —una reticencia que algunos historiadores del caso atribuyen al hecho de que vender arsénico a alguien sin registro adecuado constituía en sí mismo una infracción legal para el farmacéutico.
El juicio: cuatro días y una hora de deliberación
El juicio se celebró en el Shire Hall de Dorchester, ante un jurado compuesto enteramente por hombres, entre el 27 y el 30 de mayo de 1936. La fiscalía, encabezada por el entonces Procurador General (Solicitor-General), Sir Terence O’Connor, presentó el caso como un clásico “triángulo eterno”: Charlotte habría envenenado a su esposo para poder estar libremente con Parsons. El propio fiscal reconoció ante el jurado que no podía demostrar de forma directa que Charlotte hubiera comprado o administrado el arsénico, y basó su argumento en que ella había estado presente en cada uno de los episodios de enfermedad de su esposo —incluidos dos que ocurrieron antes de que Lucy Ostler, otra posible sospechosa, se instalara en la casa—. El abogado defensor, J.D. Casswell, advirtió al jurado que no debía dejarse influir por la reputación de promiscuidad de Charlotte, señalando que estaba siendo juzgada por asesinato, no por su vida sexual. El jurado deliberó solo una hora antes de declararla culpable. Al preguntársele si tenía algo que decir antes de la sentencia, respondió con calma: “No soy culpable”.
Las dudas posteriores: un profesor de química interviene
Tras la condena, el caso dio un giro que rara vez se repite en la crónica judicial de la época: el profesor William Bone, del Imperial College de Londres, que había seguido el caso a través de la prensa, se puso en contacto con el abogado de Charlotte para plantear una objeción técnica seria. Según Bone, los niveles de arsénico hallados en los residuos de la caldera de la vivienda —una de las piezas centrales de la evidencia forense— eran en realidad muy bajos, y sugirió que el Dr. Lynch, el perito que testificó sobre esos resultados, podría haber malinterpretado o mal comunicado las cifras reales del análisis. Con este nuevo elemento, la defensa intentó apelar la condena; el intento fracasó, y ni siquiera una gestión posterior ante la Cámara de los Comunes logró revertir la decisión.
La ejecución
Charlotte Bryant fue ejecutada el 15 de julio de 1936 en la prisión de Exeter —no en la de Dorchester, donde había sido juzgada— a manos del verdugo Thomas Pierrepoint. Antes de morir, dejó una última carta dirigida a sus cinco hijos, hoy conservada como pieza histórica por el National Justice Museum del Reino Unido.
Un caso que la propia historiografía califica de “condena insegura”
El caso de Charlotte Bryant ocupa un lugar particular en la crónica judicial británica: la publicación especializada Capital Punishment UK lo titula directamente “¿Una condena insegura?”, reflejando un consenso relativamente extendido entre historiadores del derecho de que la evidencia disponible —enteramente circunstancial, sin testigo directo del envenenamiento, con un testigo (el farmacéutico) que rehusó identificarla formalmente, y con un cuestionamiento técnico serio sobre los niveles de arsénico hallados en la vivienda— habría sido insuficiente para sostener una condena bajo estándares probatorios más exigentes.
Fuentes consultadas
- Wikipedia (en inglés) — cronología judicial completa del caso.
- Capital Punishment UK, “Charlotte Bryant – An Unsafe Conviction?” — análisis detallado de las debilidades probatorias del caso.
- Executed Today — reconstrucción de la investigación policial y crítica a la solidez del caso presentado por la fiscalía.
- Shire Hall Dorset (“Raising Voices: Charlotte Bryant”) — documentación de la intervención del profesor William Bone tras la condena.
- Nottingham Culture / National Justice Museum — conservación de la última carta de Bryant antes de su ejecución.
- British Executions — cronología de los hechos y la investigación forense inicial.
Nota editorial: este caso conserva dudas historiográficas documentadas sobre la solidez de la evidencia forense, planteadas por un académico poco después del juicio y ampliamente citadas por fuentes especializadas en derecho penal británico. El artículo presenta la condena como hecho judicial firme de la época y esas dudas como parte del registro histórico documentado, sin afirmar de forma categórica la inocencia de Bryant.