El caso de las «Cartas de Circleville», una campaña de cartas anónimas amenazantes que aterrorizó a un pequeño pueblo de Ohio durante casi dos décadas a partir de 1976, es uno de los misterios sin resolver más desconcertantes de Estados Unidos, notable por una contradicción central que nunca ha sido explicada satisfactoriamente: las cartas continuaron llegando incluso mientras el único hombre condenado en relación con el caso se encontraba en prisión, en ocasiones en confinamiento solitario sin acceso a materiales de escritura.

El inicio de la campaña

En 1976, Mary Gillispie, conductora de autobús escolar del Distrito Escolar de Westfall en Circleville, Ohio, comenzó a recibir cartas anónimas acusándola de mantener una aventura con Gordon Massie, superintendente de la escuela. Pronto, su esposo Ron, y eventualmente sus propios hijos, se convirtieron también en blanco de cartas cuyo número y virulencia fueron en aumento.

Un círculo de confianza reducido

Mary y Ron solo le contaron sobre las cartas a tres personas: la hermana de Ron, el esposo de esta —Paul Freshour— y la hermana de Paul. Pese a este círculo reducido, las cartas revelaban un conocimiento inquietantemente detallado de la vida privada de los residentes del pueblo.

Una escalada hacia la violencia

La situación escaló cuando el escritor anónimo comenzó a complementar las cartas con letreros colocados en el pueblo y a lo largo de la ruta de autobús de Mary Gillispie. Tras la muerte de Ron Gillispie en un accidente automovilístico —que algunos creen pudo haber sido provocado a raíz de las cartas—, varios residentes de Circleville comenzaron a recibir cartas anónimas acusando al sheriff local de un encubrimiento.

Un letrero trampa que cambió el caso

Se descubrió un letrero con trampa explosiva destinado a Mary Gillispie a lo largo de su ruta de autobús. El arma de fuego utilizada en la trampa fue rastreada hasta Paul Freshour, cuñado de Mary. La esposa de Freshour en ese momento, Karen, declaró a los investigadores que creía que su propio esposo había escrito las cartas, entregando notas manuscritas que afirmaba haber hallado ocultas en su hogar.

El juicio

El 24 de octubre de 1983, Paul Freshour fue llevado a juicio por el intento de homicidio de Mary Gillispie. Durante el proceso, un experto en caligrafía testificó bajo juramento que, en su opinión, la escritura hallada en sobres, documentos y postales correspondía a la misma persona: Paul Freshour. El jurado deliberó por más de dos horas, condenándolo únicamente con base en evidencia circunstancial.

La condena

Freshour recibió la sentencia máxima disponible por intento de homicidio: entre 7 y 25 años de prisión. Todos asumieron que había sido él quien escribió las cartas de Circleville, y que estas cesarían una vez que estuviera recluido.

Una contradicción que nunca se explicó

Es el elemento más perturbador y central del caso: las cartas continuaron llegando a Circleville durante toda la reclusión de Freshour, incluyendo períodos en los que el propio alcaide de la prisión confirmó que se encontraba en confinamiento solitario, sin ningún acceso a materiales de escritura.

Una liberación que coincidió con el fin de las cartas

Paul Freshour fue liberado de prisión en 1994, tras cumplir 10 años de su condena. Las cartas de Circleville cesaron abruptamente alrededor de ese mismo momento, un hecho que muchos interpretaron como confirmación de su autoría, pese a la contradicción evidente de que habían continuado durante gran parte de su encarcelamiento.

Una vida marcada por la negación persistente

Freshour mantuvo su inocencia hasta el final, afirmando que el arma utilizada en la trampa le había sido robada semanas antes, sin haberlo denunciado formalmente en su momento. Mantuvo durante varios años un sitio web dedicado a documentar su versión del caso, y murió en los años posteriores a su liberación sin conocer jamás la identidad real del escritor de Circleville, según relatos periodísticos del caso.

Un perfil conductual que no coincidía

En años recientes, la experfiladora conductual del FBI Mary Ellen O’Toole revisó el caso y concluyó que el perfil psicológico del verdadero escritor de las cartas no coincidía con el de Freshour, sumando una voz experta adicional a las dudas sostenidas durante décadas sobre la solidez de su condena.

Teorías alternativas nunca confirmadas

A lo largo de los años, han surgido teorías alternativas sobre la verdadera autoría de las cartas, señalando incluso a la propia Karen Freshour —esposa de Paul en ese momento— como posible responsable de haberlo incriminado deliberadamente, además de especulaciones sobre otros miembros de la familia Freshour y Massie. Es fundamental ser preciso: ninguna de estas teorías ha sido jamás confirmada, y la identidad real de quien escribió las cartas de Circleville nunca ha sido legalmente establecida.

Un caso parodiado en la cultura popular

El caso ha sido explorado en programas como Unsolved Mysteries y parodiado en la serie de comedia Drunk History, junto a otros casos enigmáticos como el de D.B. Cooper y Agatha Christie, consolidándose como parte permanente del folclore de casos sin resolver de Estados Unidos.

Por qué el caso sigue siendo relevante

El caso de las Cartas de Circleville es un referente central en la criminología estadounidense sobre los riesgos de condenar a una persona basándose principalmente en evidencia caligráfica circunstancial, particularmente cuando un elemento central del caso —la continuación de las cartas durante el encarcelamiento del condenado, incluso en confinamiento solitario— nunca pudo ser explicado de manera satisfactoria por la teoría oficial de la investigación, dejando la verdadera identidad del escritor como un misterio sin resolver hasta la fecha de esta publicación.

Preguntas frecuentes

¿Qué fueron las Cartas de Circleville?+

Fue una campaña de cartas anónimas amenazantes que comenzó en 1976 en Circleville, Ohio, dirigida primero a la conductora de autobús escolar Mary Gillispie y su familia. Aterrorizó al pueblo durante casi dos décadas.

¿Quién fue condenado por las cartas?+

Paul Freshour, cuñado de Mary, fue condenado en 1983 por el intento de homicidio de Mary Gillispie, por un letrero con trampa explosiva. Recibió entre 7 y 25 años y salió en 1994 tras cumplir 10, siempre sosteniendo su inocencia.

¿Por qué sigue habiendo dudas sobre el caso?+

Porque las cartas siguieron llegando mientras Freshour estaba preso, incluso en confinamiento solitario sin materiales de escritura. Además, la experfiladora conductual del FBI Mary Ellen O’Toole concluyó que el perfil del autor no coincidía con el suyo. La identidad del escritor nunca se estableció legalmente.

Sigue tirando del hilo

Fuentes consultadas

  • CBS News, «The Circleville letters: Anonymous letters threaten to expose an Ohio town’s rumored secrets» y «Has the anonymous author of the infamous Circleville letters been unmasked?», con cronología judicial completa y la entrevista a Martin Yant sobre las dudas persistentes del caso.
  • Clutch Justice, «The Circleville Letters Explained: A Compromised Case, Disputed Evidence, and an Unsolved Writer» (2026), con la cita textual completa sobre la conclusión de la experfiladora del FBI Mary Ellen O’Toole y confirmación de que las cartas continuaron durante el confinamiento solitario de Freshour.
  • Unsolved Mysteries Fandom Wiki, «Circleville Writer», con detalle de la parodia en «Drunk History» y la teoría alternativa sobre Mary Gillispie planteada en esa producción.
  • HubPages, «The Circleville Letters: A Mysterious Small-Town Terror Campaign», con cronología completa de la escalada hacia los letreros con amenazas y el testimonio de Karen Freshour.
  • Strange Case Files, «The Circleville Letters», con confirmación de que la policía cerró el caso sin identificar a un autor confirmado.
  • Medium (@mttn), «The Eerie Case of the Circleville Letters», con detalle de las cuatro personas señaladas como posibles sospechosos alternativos dentro de la propia familia Freshour y Massie.

Nota editorial: este artículo documenta explícitamente que la identidad del escritor de las cartas de Circleville nunca fue legalmente establecida, presentando la condena de Paul Freshour y las dudas posteriores sobre su solidez —incluyendo el análisis de la exagente del FBI Mary Ellen O’Toole— sin adoptar una posición editorial sobre quién fue el verdadero responsable de la campaña de cartas.