Entre febrero y marzo de 1979, en el barrio porteño de Monserrat, tres mujeres murieron en circunstancias casi idénticas: Nilda Gamba, Lelia Formisano de Ayala y Carmen Zulema del Giorgio Venturini. Las tres eran amigas de María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, y las tres habían compartido con ella una merienda de té y masitas el día anterior a su muerte. La autopsia de la tercera víctima reveló envenenamiento por cianuro, lo que llevó a atar cabos entre las tres muertes y a señalar a Murano como sospechosa principal. Fue condenada por los tres homicidios y permaneció presa dieciséis años, en uno de los casos criminales más recordados de la historia argentina.

Una inversora en apuros

Yiya Murano se había presentado ante su círculo social como una exitosa mujer de negocios que ofrecía a sus amistades la posibilidad de invertir dinero con ella a cambio de intereses atractivos, un esquema que en la práctica funcionaba como una estafa piramidal informal: usaba el dinero de nuevas “inversoras” para pagar los rendimientos prometidos a las anteriores. Gamba, Formisano de Ayala y del Giorgio Venturini eran, según la reconstrucción del caso, tres de las mujeres que le habían confiado sus ahorros y que comenzaban a exigirle explicaciones y la devolución de su dinero, deudas que Murano no podía cubrir.

El método: masitas envenenadas a la hora del té

Según estableció la investigación, Murano invitaba a cada una de las mujeres a su casa para una merienda, les servía té acompañado de masitas caseras adulteradas con cianuro, y las despedía con normalidad. Al día siguiente, cada una de ellas aparecía muerta en su domicilio, con síntomas que en un primer momento no se vincularon entre sí, hasta que la tercera muerte en apenas semanas hizo evidente el patrón: las tres habían tomado el té con la misma persona el día anterior a fallecer.

La investigación y el juicio

Tras la autopsia que confirmó el envenenamiento por cianuro en el tercer caso, la policía interrogó a Murano extensamente. Con el correr de la investigación se estableció que era la única conexión directa y verificable entre las tres víctimas. Fue procesada y, tras un extenso proceso judicial, condenada por los tres homicidios. Cumplió dieciséis años de prisión.

Las sospechas adicionales dentro de su propia familia

Más allá de los tres homicidios por los que fue condenada, la investigación periodística posterior al caso —en particular el libro escrito por su propio hijo, Martín Murano, sobre su relación con ella— recogió denuncias de presuntos intentos de envenenamiento adicionales dentro del círculo más cercano de Yiya Murano. Martín Murano declaró públicamente haber presenciado, cuando tenía diez años, un momento en que su madre le habría estado a punto de dar un trozo de torta que había visto adulterar con un líquido de un frasco oculto, y que finalmente no le entregó. También se atribuyeron a Murano sospechas —nunca judicialmente investigadas ni probadas— en torno a las muertes de su último esposo, Julio Banín, y de la hijastra de este, Julia Banín, quien hizo una denuncia mediática sobre el tema años después de los hechos. Es importante subrayar que ninguno de estos episodios adicionales fue objeto de proceso judicial ni condena: se trata de señalamientos y testimonios familiares posteriores, no de hechos judicialmente establecidos.

Vida después de la prisión

Tras cumplir su condena, Murano recuperó la libertad y mantuvo cierta presencia pública en los años posteriores, incluyendo entrevistas y reflexiones sobre el sistema judicial que la había condenado; llegó a declarar públicamente su desacuerdo con la equiparación entre ley y justicia, sosteniendo —sin admitir directamente su culpabilidad— que “la ley, como creación humana, puede también equivocarse”. Su caso, junto a otros crímenes cometidos por mujeres en la historia argentina, inspiró episodios de la serie de televisión “Mujeres Asesinas”, producida originalmente en Argentina y luego adaptada en México y otros países de habla hispana.

Un caso de referencia en la crónica policial argentina

El caso de Yiya Murano ocupa un lugar central en la memoria del true crime argentino por la combinación de elementos que reunió: un móvil económico claro derivado de una estafa piramidal informal, un método —el envenenamiento por cianuro en la comida servida a las propias víctimas durante una reunión social— que rompía brutalmente con el ritual doméstico de la hospitalidad, y una investigación que dependió, en última instancia, de un dato tan simple como identificar qué tenían en común tres muertes aparentemente aisladas: haber compartido la merienda con la misma anfitriona el día anterior.

Fuentes consultadas

  • Infobae — reportaje sobre el caso con declaraciones de Martín Murano, hijo de la condenada, y detalle de las sospechas familiares adicionales.
  • Wikipedia en español — cronología del caso, condena y reflexiones posteriores de Murano sobre la ley y la justicia.
  • Bastardo Crónico — recopilación de casos reales que inspiraron la serie “Mujeres Asesinas”, incluido el de Yiya Murano.
  • Wikipedia (en inglés/español) — ficha de la serie “Mujeres Asesinas” y su relación con casos reales argentinos.

Nota editorial: Yiya Murano fue condenada judicialmente por los tres homicidios de Monserrat (1979). Las sospechas adicionales sobre otras muertes en su entorno familiar, incluidas las de su esposo Julio Banín y su hijastra Julia Banín, nunca derivaron en cargos ni condena y se presentan aquí explícitamente como denuncias no probadas judicialmente. La fecha exacta de fallecimiento de Murano debe verificarse antes de publicar este artículo.