Entre 1983 y 1989, en el pabellón V del hospital geriátrico de Lainz, en Viena —entonces uno de los mayores centros médicos de Austria—, cuatro auxiliares de enfermería mataron a un número de pacientes ancianos que, según la cifra oficialmente reconocida en el juicio, ascendió a 42, aunque una de las propias condenadas llegó a estimar la cifra real en el entorno de 100. El canciller austriaco de la época, Franz Vranitzky, calificó el caso como “el crimen más brutal y espantoso de la historia de Austria”.

Las cuatro mujeres —Waltraud Wagner, Irene Leidolf, Stefanija Meyer y Maria Gruber— fueron condenadas en 1991. Dos recibieron cadena perpetua; las otras dos, penas menores por complicidad. Las cuatro fueron liberadas entre los años 2000 y 2008, lo que en su momento generó un intenso debate público en Austria.

El pabellón de los “casos difíciles”

Waltraud Wagner comenzó a trabajar en el turno de noche del pabellón V de Lainz —reservado para pacientes de edad avanzada considerados difíciles de manejar: personas con demencia, agitación o enfermedades terminales— en 1981, a los 23 años. Según su propio testimonio posterior, mató a su primera paciente con una sobredosis de morfina en 1983, y descubrió en el proceso lo que ella misma describió como una sensación de control sobre la vida y la muerte. Con el tiempo, reclutó a tres compañeras del mismo pabellón: Leidolf, Meyer y Gruber.

El método: morfina, insulina y agua en los pulmones

Según la investigación y los propios testimonios ante el tribunal, el grupo mataba a los pacientes mediante sobredosis de morfina o tranquilizantes, o forzando agua en los pulmones de personas ya debilitadas, provocando lo que describieron eufemísticamente como una muerte “tranquila”. Las cuatro caracterizaron inicialmente sus actos ante la policía como “muertes por compasión” dirigidas a pacientes que sufrían o que consideraban una carga excesiva para el personal, especialmente durante los turnos de noche con menor supervisión. Los fiscales rechazaron frontalmente esa caracterización: sostuvieron que, en varios casos, las víctimas no estaban en fase terminal ni sufrimiento extremo, y que el método —forzar agua en los pulmones— causaba una muerte lenta y dolorosa, no compasiva.

La confesión y el juicio

El caso salió a la luz en 1989 cuando Wagner, en un momento de aparente crisis personal, comentó los hechos a un colega en un bar; la conversación llegó a oídos de las autoridades. Las cuatro mujeres fueron detenidas y, en un primer momento, confesaron colectivamente su participación en unos 49 asesinatos, aunque posteriormente se retractaron de la mayor parte de esas confesiones durante el juicio, que se celebró en Viena en 1991 y se prolongó cuatro semanas.

El tribunal, compuesto por un panel de tres jueces, condenó a Wagner por 15 asesinatos y 17 intentos de asesinato, y a Leidolf por 5 asesinatos, imponiendo a ambas cadena perpetua. Meyer fue condenada por homicidio involuntario e intento de asesinato a 20 años, y Gruber, por los mismos cargos, a 15 años. El fiscal, en sus alegatos finales, advirtió sobre el riesgo de normalizar este tipo de crímenes: “Es un pequeño paso de matar a enfermos terminales a matar pacientes molestos e incómodos, y de ahí a lo que se conoció bajo el Tercer Reich como eutanasia. Es una puerta que nunca debe volver a abrirse” —una referencia directa al programa de exterminio de personas con discapacidad y enfermedad del régimen nazi, que tuvo lugar en el mismo país décadas antes.

La liberación y el debate público

Debido a la legislación austriaca, la “cadena perpetua” no implica necesariamente reclusión de por vida: en la práctica, el máximo suele traducirse en unos 15 años antes de que proceda la evaluación de libertad condicional por buena conducta. Meyer y Gruber fueron liberadas primero, a mediados de la década de 2000, y recibieron nuevas identidades por motivos de seguridad. Wagner y Leidolf fueron liberadas en agosto de 2008, tras algo más de 19 años en prisión, también con identidades protegidas y bajo supervisión de libertad condicional, con la obligación de continuar en psicoterapia y mantener contacto regular con las autoridades.

La noticia generó indignación en la prensa austriaca —un titular de la época rezó “¡Los ángeles de la muerte salen!”— en un país que, ese mismo año, procesaba en paralelo el escándalo del secuestro de Josef Fritzl, lo que llevó a un debate público más amplio sobre si el sistema de justicia austriaco era suficientemente severo con sus delincuentes más graves.

Un caso fundacional en la criminología de “ángeles de la muerte”

El caso de Lainz se estudia hoy como uno de los ejemplos fundacionales del patrón conocido como “asesinato por compasión” (mercy killing) practicado en grupo dentro de una institución de cuidado, distinto del patrón más individual de atención-búsqueda que caracteriza a casos posteriores como los de Beverley Allitt o Kristen Gilbert. La combinación de baja supervisión nocturna, pacientes vulnerables y ausencia de escrutinio médico riguroso sobre las muertes esperables en una sala geriátrica se repite como factor de riesgo en gran parte de la literatura académica posterior sobre este tipo de crímenes.

Fuentes consultadas

  • Wikipedia (en inglés), “Lainz Angels of Death” — cronología y condenas del caso.
  • Associated Press / Deseret News — cobertura del juicio de 1991.
  • NBC News / CBS News — cobertura de la liberación de Wagner y Leidolf en 2008.
  • Murderpedia — perfil de Waltraud Wagner.
  • Altered Dimensions — reconstrucción detallada del caso y declaraciones del fiscal.

Nota editorial: las cuatro condenadas están vivas, liberadas, y recibieron nuevas identidades por motivos de seguridad tras cumplir sus condenas. Este artículo no incluye ni especula sobre información relativa a su paradero o identidad actual.