Entre 1939 y 1940, en el pequeño pueblo de Correggio, en la Emilia italiana, desaparecieron tres mujeres de mediana edad: Faustina Setti, Francesca Soavi y Virginia Cacioppo. Las tres eran vecinas y conocidas de Leonarda Cianciulli, una vendedora y “echadora de cartas” muy apreciada en el pueblo. Las tres habían confiado en ella para gestionar un cambio de vida —un matrimonio, un trabajo, un contrato— que exigía discreción y dinero por adelantado. Ninguna volvió a ser vista.

Cianciulli pasó a la historia criminal como “la Saponificatrice di Correggio” —la jabonera— por lo que, según su propia confesión escrita, hizo con los cuerpos. Buena parte de su leyenda no la construyó la prensa, sino ella misma, en una memoria autobiográfica redactada en prisión. Separar lo probado de lo autoproclamado es, por tanto, obligatorio.

Fotografia policial (foto segnaletica) real de Leonarda Cianciulli
Leonarda Cianciulli, foto segnaletica (ficha policial). Fotografia de dominio publico (Italia, derechos expirados).

Lo documentado: tres asesinatos por el mismo método

La investigación se abrió cuando la cuñada de Virginia Cacioppo, desconfiando de la versión de que esta se había marchado, presionó a la policía de Reggio Emilia y señaló que la última persona vista con ella era Cianciulli. El proceso estableció un patrón idéntico en los tres casos: Cianciulli convencía a la víctima de que le había conseguido una oportunidad lejos del pueblo, le exigía secreto absoluto y le hacía escribir cartas y postales de despedida que ella misma enviaría después desde otras ciudades para simular que seguían vivas. El día de la supuesta partida, la víctima acudía a casa de Cianciulli, donde era asesinada con un hacha y despojada de sus ahorros y joyas —Cacioppo, expropietaria de bienes, era la víctima de mayor patrimonio.

Cianciulli fue detenida en 1940. El juicio se celebró en Reggio Emilia en 1946, retrasado por la guerra. Fue condenada a 30 años de prisión y 3 años de manicomio judicial. Murió en el manicomio criminal de Pozzuoli el 15 de octubre de 1970.

La confesión: el motivo y el jabón

En su memoria escrita en prisión —titulada “Confessioni di un’anima amareggiata” (“Confesiones de un alma amargada”)—, Cianciulli ofreció el relato que la hizo célebre. Según su versión, había perdido numerosos embarazos e hijos pequeños (de más de una decena de embarazos le sobrevivían cuatro), vivía obsesionada con una supuesta maldición gitana recibida de joven y con las advertencias de una vidente, y cuando su hijo predilecto, Giuseppe, fue llamado al ejército en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, concluyó que solo podía protegerlo con sacrificios humanos.

En esa misma memoria describió haber disuelto los cuerpos con soda cáustica —un proceso que conocía de la elaboración doméstica de jabón— y, en el caso de Cacioppo, haber elaborado jabón y dulces con los restos, que habría regalado a vecinas. Los peritajes del proceso confirmaron el uso de soda cáustica para la eliminación de los cuerpos y hallaron restos compatibles en la vivienda; la parte de los dulces repartidos, en cambio, descansa esencialmente en su propia palabra, y los historiadores del caso la tratan con cautela, señalando que Cianciulli mostró durante el proceso una notable voluntad de protagonismo —llegó a corregir a los peritos sobre sus propios métodos.

Es decir: los tres asesinatos, el móvil económico concurrente y la destrucción química de los cuerpos están probados; la dimensión más folclórica del caso —el jabón regalado, los dulces— es autoatribución de la condenada, verosímil pero no verificada independientemente.

A veces la fuente menos fiable sobre un crimen es quien lo cometió y quiere ser recordado.

El personaje: superstición, guerra y necesidad de sentido

El caso fascinó a la Italia de posguerra porque condensaba un mundo a punto de desaparecer: la superstición rural, las videntes, la maternidad como destino trágico y la guerra como telón de fondo. Los psiquiatras del proceso la declararon parcialmente enferma mental; la fiscalía subrayó que, misticismo aparte, cada crimen le reportó dinero y bienes, y que el sistema de cartas falsas revela una planificación meticulosa incompatible con el arrebato. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez, y el tribunal así lo reflejó al combinar prisión y manicomio en la condena.

El perfil de Cianciulli —una mujer de mediana edad, religiosa, respetada en su comunidad, con antecedentes de tragedias familiares reales (varios de sus hijos murieron efectivamente en la infancia)— hizo que el caso fuera especialmente difícil de asimilar para sus contemporáneos: no encajaba en la imagen habitual del criminal violento de la época.

El caso en la cultura

La “Saponificatrice” es un clásico de la crónica negra italiana: inspiró la película “Gran bollito” (1977) de Mauro Bolognini, con Shelley Winters, numerosos ensayos y piezas teatrales, y objetos del caso se exhibieron durante décadas en el Museo Criminológico de Roma. En el true crime contemporáneo su nombre reaparece de forma recurrente, casi siempre repitiendo sin matices la parte menos verificada de su propia confesión —un buen recordatorio de que separar el hecho probado de la leyenda autoconstruida sigue siendo, casi un siglo después, el principal desafío periodístico de este caso.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Leonarda Cianciulli? +
Leonarda Cianciulli (1894-1970) fue una mujer italiana condenada por asesinar a tres vecinas en el pueblo de Correggio entre 1939 y 1940. Se la conoció como “la Saponificatrice di Correggio” (la Jabonera de Correggio) por lo que, según su propia confesión escrita, hizo con los cuerpos de sus víctimas.
¿Cuántas personas mató Leonarda Cianciulli? +
El proceso judicial de 1946 la condenó por tres asesinatos, los de Faustina Setti, Francesca Soavi y Virginia Cacioppo, todas vecinas de Correggio a quienes convenció de que les había conseguido una oportunidad de vida lejos del pueblo.
¿Es cierto que hacía jabón con los cuerpos de sus víctimas? +
Los peritajes del proceso confirmaron que usó soda cáustica para eliminar los cuerpos y hallaron restos compatibles en su vivienda. La parte del jabón y los dulces repartidos a las vecinas proviene de la propia confesión escrita de Cianciulli en prisión; los historiadores del caso la tratan con cautela por no estar verificada de forma independiente.
¿Por qué la llaman “la Jabonera de Correggio”? +
El apodo proviene de su propia confesión, en la que describió haber disuelto los cuerpos de sus víctimas con soda cáustica —un proceso que conocía de la elaboración doméstica de jabón— y haber usado los restos para fabricar jabón y dulces.
¿Qué pasó con Leonarda Cianciulli tras el juicio? +
El juicio se celebró en Reggio Emilia en 1946, retrasado por la Segunda Guerra Mundial. Fue condenada a 30 años de prisión y 3 años de manicomio judicial. Murió en el manicomio criminal de Pozzuoli el 15 de octubre de 1970.
¿Sigue siendo relevante el caso de Leonarda Cianciulli hoy? +
Sí. Es un caso clásico de la crónica negra italiana, citado en criminología por la combinación de superstición, motivo económico y planificación meticulosa. Inspiró películas, ensayos y piezas teatrales, y sigue siendo un caso de referencia sobre cómo separar los hechos probados de la leyenda que el propio criminal construyó.

Fuentes

Este expediente se basa en documentación histórica y periodística, entre ellas: actas del proceso de Reggio Emilia (1946), citadas por la historiografía criminal italiana; Leonarda Cianciulli, “Confessioni di un’anima amareggiata” —memoria autobiográfica, identificada como fuente de la autoconfesión—; documentación del Museo Criminológico de Roma; historiografía y crónica criminal italiana de referencia sobre el caso (ensayos y cobertura retrospectiva de Corriere della Sera y RAI). Última verificación de datos: julio de 2026. Caso histórico cerrado (condenada en 1946, fallecida en 1970). Nota editorial: la parte más célebre del caso —el jabón y los dulces elaborados con los restos— procede de la confesión escrita de la propia condenada. El artículo la presenta como autoatribución, distinguiéndola de los hechos establecidos pericialmente: los tres asesinatos, el robo y la destrucción de los cuerpos con soda cáustica.