
El hallazgo de enero de 1948
En enero de 1948, dos policías de Tokio descubrieron por casualidad los restos de cinco recién nacidos. La investigación que siguió condujo al hospital de maternidad Kotobuki, en el distrito de Shinjuku, y a su directora, la partera Miyuki Ishikawa, y destapó uno de los episodios criminales más letales y menos conocidos internacionalmente del Japón moderno: la muerte deliberada, por abandono y desatención, de decenas de bebés —las cifras documentadas en la investigación oscilan entre 85 y más de un centenar, y algunas estimaciones históricas van más allá— entre mediados de los años cuarenta y 1948.
El caso es también una anomalía judicial: pese a la magnitud, Ishikawa fue condenada a solo ocho años de prisión, reducidos a cuatro en apelación. Entender por qué exige entender el Japón de la inmediata posguerra.
El contexto: ocupación, miseria y natalidad sin red
El Tokio de 1945-1948 era una ciudad arrasada: hambre, vivienda destruida, desempleo masivo y un baby boom simultáneo. Para las familias más pobres, un recién nacido podía ser económicamente inasumible, y las opciones legales eran casi inexistentes: el aborto estaba criminalizado —la Ley de Protección Eugenésica que lo despenalizaría en la práctica es de 1948-1949, posterior al escándalo— y no había un sistema de adopción o acogida funcional.
En ese vacío operó el hospital Kotobuki. Según estableció la investigación, Ishikawa —partera de carrera respetable y directora del centro— y sus cómplices, entre ellos su marido Takeshi y el médico Shiro Nakayama, montaron un esquema doble: cobraban a los padres que no podían mantener a sus hijos una suma “para el cuidado” del bebé, argumentando que era más barata que criarlo, y después dejaban morir a los recién nacidos por inanición y desatención deliberada. El médico falsificaba los certificados de defunción atribuyendo las muertes a causas naturales. Los cuerpos se ocultaron en depósitos, templos y domicilios de cómplices, como el del funerario que llevó a los primeros hallazgos.
Un dato agrava el cuadro institucional: la altísima mortalidad del centro no era invisible. La investigación documentó que hubo señales previas —renuncias de personal, rumores, cifras anómalas— que no activaron ninguna inspección eficaz.
La caída y el proceso de 1948
Tras el hallazgo de enero de 1948, los registros y exhumaciones vinculados al caso elevaron el número de víctimas a decenas. Ishikawa, su marido y el médico Nakayama fueron detenidos. Y entonces llegó la segunda parte escandalosa del caso: el tribunal de Tokio trató las muertes esencialmente como homicidio por omisión —“dejar morir” en lugar de “matar”—, una figura penada con mucha menor severidad, y aceptó parcialmente el argumento de la defensa de que los responsables últimos eran los padres que abandonaban a sus hijos.
Posiblemente la mayor cifra de víctimas de un caso criminal individual en la historia de Japón se saldó con una condena de una fracción de las que reciben homicidios únicos.
Ishikawa fue condenada a 8 años; su marido y el médico, a 4. En apelación, las penas se redujeron aproximadamente a la mitad.
Las consecuencias: el caso que cambió la ley
Como el de Amelia Dyer en la Inglaterra victoriana —con el que forma un paralelo histórico casi exacto—, el caso Kotobuki forzó cambios estructurales. El escándalo contribuyó de forma directa al debate que cristalizó en la Ley de Protección Eugenésica (1948) y su reforma de 1949, que legalizó el aborto por razones económicas, y aceleró la creación de mecanismos públicos de protección infantil. La lectura histórica dominante es que el caso expuso el costo de criminalizar todas las salidas: sin aborto legal, sin adopción funcional y sin asistencia social, la demanda desesperada encontró una oferta criminal.
Por qué se conoce tan poco fuera de Japón
A diferencia de otros casos de esta sección, el de Ishikawa apenas tiene presencia en el true crime occidental, y la que tiene suele contener errores y cifras infladas sin fuente. Las razones son varias: la documentación primaria está en japonés, el caso incomoda a todas las narrativas simples —la autora era una profesional sanitaria, las muertes fueron por omisión, los padres pagaron por ellas— y no encaja en el molde del “monstruo” individual: es, sobre todo, la historia de un sistema que miró hacia otro lado.
¿Quién fue Miyuki Ishikawa? +
¿Cuántos bebés murieron en el caso Kotobuki? +
¿Cómo operaba el esquema? +
¿Por qué la condena fue tan baja para el número de víctimas? +
¿Qué cambió este caso en la ley japonesa? +
¿Por qué el caso Kotobuki es tan poco conocido fuera de Japón? +
Fuentes
Este expediente se basa en documentación histórica y judicial, entre ellas: documentación del proceso del Tribunal de Distrito de Tokio (1948) y cobertura de la prensa japonesa de la época (Asahi Shimbun, Yomiuri Shimbun), citadas por la historiografía del caso; historiografía japonesa sobre el infanticidio de posguerra y los orígenes de la Ley de Protección Eugenésica (1948-1949); literatura académica en inglés sobre política reproductiva del Japón ocupado (estudios sobre la Eugenic Protection Law). Consultado en julio de 2026.