Entre 1995 y 1996, en la sala C del Centro Médico de Asuntos de Veteranos de Northampton, Massachusetts, un número inusualmente alto de pacientes sufrió paros cardíacos repentinos. Varios murieron. La enfermera que estaba de turno en casi todos los casos era Kristen Gilbert, quien además solía ser la primera en responder a la emergencia e intentar la reanimación. En 2001, un jurado federal la declaró culpable de cuatro asesinatos y dos intentos de asesinato, cometidos mediante la inyección de dosis letales de epinefrina (adrenalina) en las vías intravenosas de sus pacientes.
El caso, juzgado en tribunal federal por haber ocurrido en propiedad del gobierno de EE.UU., fue uno de los pocos en la historia de Massachusetts en que se contempló la pena de muerte —el estado no la tiene, pero la jurisdicción federal sí— y terminó con Gilbert convertida en una de las escasas mujeres que ha enfrentado ese riesgo en un tribunal estadounidense.
El patrón: código azul y una aventura secreta
Gilbert, nacida Kristen Strickland en 1967, comenzó a trabajar en el hospital de veteranos de Northampton en 1989 y llegó a ser reconocida por sus superiores como una enfermera competente. Según estableció la fiscalía, a partir de mediados de los años noventa inyectó epinefrina —una sustancia que en dosis altas provoca arritmias graves y paro cardíaco, y que resulta difícil de detectar en autopsias de rutina— en las vías de pacientes internados, provocando emergencias que ella misma ayudaba después a atender.
La fiscalía argumentó que el móvil combinaba dos elementos: el deseo de proyectar una imagen de competencia y heroísmo profesional, y su relación sentimental con James Perrault, un oficial de policía del hospital al que, según los fiscales, buscaba impresionar y con quien deseaba pasar tiempo durante las emergencias que él debía atender. En un caso concreto, la fiscalía sostuvo que mató a un paciente, Stanley Jagodowski, simplemente para poder salir antes de su turno y verse con Perrault.
La confesión telefónica y la caída
Las sospechas del personal se consolidaron en febrero de 1996, cuando tres enfermeras reportaron formalmente el patrón de muertes inusuales coincidente con los turnos de Gilbert, y notaron además una disminución sospechosa en las reservas de epinefrina de la sala. Se abrió una investigación. Gilbert, que meses antes había intentado suicidarse y fue internada brevemente en una unidad psiquiátrica, llamó por teléfono a Perrault desde el hospital psiquiátrico y le dijo, según el testimonio de él en el juicio: “Sabes que lo hice. Lo hice. Querías saberlo. Maté a esos hombres”. Cuando Gilbert se enteró de que Perrault cooperaba con los investigadores, llamó a una amenaza de bomba contra el hospital, delito por el que fue arrestada y cumplió 15 meses antes incluso de ser acusada de los homicidios.
El juicio federal y la pena evitada
El juicio comenzó en noviembre de 2000. Massachusetts había abolido la pena de muerte estatal en 1984, pero al tratarse de un crimen federal cometido en instalaciones del gobierno, los fiscales pudieron solicitarla, convirtiendo a Gilbert en la única mujer que podría haber llegado al corredor de la muerte federal en ese momento. En marzo de 2001 fue declarada culpable de tres asesinatos en primer grado, uno en segundo grado y dos intentos de asesinato. El jurado, sin embargo, decidió no imponer la pena de muerte, y en su lugar recibió cuatro cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional, más 20 años adicionales.
La defensa, liderada por David P. Hoose, argumentó durante todo el proceso que la acusación se había construido “empezando por una conclusión” —que Gilbert era responsable— y trabajando hacia atrás para encajar la evidencia, calificando el caso de circunstancial. El jurado no lo consideró así.
Dónde está hoy
Gilbert, hoy con más de 55 años, cumple su condena en el Centro Médico Federal Carswell, en Fort Worth, Texas, una instalación federal con servicios psiquiátricos y médicos para reclusas. No tiene posibilidad de libertad condicional.
Un patrón que se repite en la crónica hospitalaria
El caso de Gilbert se estudia junto al de otros profesionales de la salud condenados por matar pacientes bajo su cuidado —incluidos Charles Cullen y Orville Lynn Majors en Estados Unidos, o Beverley Allitt en el Reino Unido— como parte de un patrón criminológico reconocido: personal sanitario que provoca deliberadamente emergencias médicas, generalmente por una combinación de necesidad de atención, sensación de control y, en algunos casos, el placer de “salvar” lo que ellos mismos pusieron en riesgo. Las estimaciones extraoficiales sobre el número real de víctimas de Gilbert —basadas en el aumento de emergencias médicas durante sus turnos a lo largo de los años— superan ampliamente los cuatro homicidios por los que fue condenada, aunque esas cifras nunca se sometieron a proceso judicial y deben tratarse como estimación, no como hecho probado.
Fuentes consultadas
- Registros judiciales del Tribunal de Distrito de EE.UU. para el Distrito de Massachusetts — cargos, veredicto y sentencia (2001).
- Wikipedia (en inglés) / Murderpedia — cronología del caso y detalle de las condenas.
- Oxygen (“Snapped”) — reconstrucción del caso y testimonio de James Perrault.
- The New York Times — cobertura del juicio federal de 2000-2001.
- ABC News / CBS News — cobertura de la sentencia y la decisión del jurado de no imponer la pena de muerte.
Nota editorial: Kristen Gilbert está viva y cumple una condena federal firme sin posibilidad de libertad condicional. Las estimaciones sobre un número de víctimas superior a las cuatro condenas judiciales se presentan como estimaciones extraoficiales, no como hechos probados.