
Nueva Gales del Sur, 2001: una condena sin precedentes
En noviembre de 2001, la Corte Suprema de Nueva Gales del Sur hizo algo que Australia no había hecho nunca: condenar a una mujer a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, con el expediente marcado con la indicación de que nunca debe ser liberada. La condenada fue Katherine Mary Knight, de 45 años, extrabajadora de un matadero, por el asesinato de su pareja, John Charles Thomas Price, cometido en Aberdeen, Nueva Gales del Sur, la noche del 29 de febrero de 2000. Este caso se aborda con la sobriedad que exige: los hechos que motivaron esa sentencia son de una brutalidad extrema, y aquí se describen únicamente en los términos establecidos por la justicia australiana, sin recreación.
Una vida marcada por la violencia
Katherine Knight nació el 24 de octubre de 1955 y creció en un entorno rural de Nueva Gales del Sur, en una familia descrita por la documentación del caso como profundamente disfuncional y violenta. Abandonó la escuela a los 15 años prácticamente analfabeta y encontró lo que ella misma llamó el trabajo de sus sueños: aprendiz en un matadero local, donde obtuvo su set de cuchillos de carnicera. Su historial de violencia doméstica contra sus sucesivas parejas está ampliamente documentado: agresiones físicas, amenazas con armas y episodios que ya habían requerido intervención policial y psiquiátrica en varias ocasiones a lo largo de dos décadas, sin que ninguno derivara en consecuencias que interrumpieran la escalada.
La relación con John Price y el crimen
John “Pricey” Price, minero y padre de tres hijos, mantuvo una relación intermitente con Knight durante años, también marcada por la violencia de ella. En febrero de 2000, tras nuevos episodios, Price decidió terminar la relación y obtuvo una orden de restricción. La noche del 29 de febrero, Knight atacó a Price mientras dormía, apuñalándolo al menos 37 veces según estableció la autopsia. Lo que Knight hizo después con el cuerpo fue calificado por la justicia como algo “casi inimaginable en una sociedad civilizada”; este artículo no detalla esos actos más allá de esa descripción judicial. Knight fue hallada en la casa en estado comatoso tras ingerir pastillas, y se declaró culpable del asesinato en 2001.
El día antes de morir, John Price dijo a sus compañeros de trabajo que si no se presentaba al día siguiente sería porque Katherine lo había matado.
La sentencia: “nunca debe ser liberada”
El juez destacó la brutalidad del crimen, la planificación de los actos posteriores y la ausencia de remordimiento, y consideró que Knight representaba un peligro permanente: la cadena perpetua sin libertad condicional que dictó fue la primera impuesta a una mujer en la historia de Australia. En junio de 2006, Knight apeló argumentando que la pena era excesiva; en septiembre de ese año, el Tribunal de Apelación Criminal de Nueva Gales del Sur rechazó la apelación, reiterando que el crimen era atroz y casi inimaginable en una sociedad civilizada. La condena es firme.
Por qué el caso importa más allá del horror
Es tentador reducir el caso Knight a su dimensión más macabra, y buena parte de la cobertura internacional lo ha hecho. Pero su relevancia real es doble: la jurídica, porque estableció que el sistema australiano puede aplicar a una mujer su pena máxima absoluta, un umbral que hasta 2000 nunca se había cruzado; y la preventiva, porque el expediente documenta más de veinte años de violencia grave y reiterada de Knight contra sus parejas, conocida por el entorno, la policía y los servicios de salud, sin que ninguna intervención frenara la escalada. Knight, de 70 años, permanece encarcelada en el Centro Correccional Femenino de Silverwater.
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Fuentes
Este expediente se basa en documentación judicial y periodística, entre ellas: R v Knight [2001] NSWSC 1011 (Corte Suprema de Nueva Gales del Sur); Knight v R [2006] NSWCCA 292 (Tribunal de Apelación Criminal de NGS); Sandra Lee, “Beyond Bad” (2003); Peter Lalor, “Blood Stain” (2005); The Age / AAP. Consultado en julio de 2026.