Introducción
En el true crime solemos asumir que un caso mal resuelto es producto de mala fe, corrupción o incompetencia. La psicología cognitiva ofrece una explicación adicional, más incómoda: incluso investigadores honestos, capacitados y bien intencionados pueden equivocarse sistemáticamente por la forma en que el cerebro humano procesa la información bajo presión. El fenómeno central se llama visión de túnel, y tiene una arquitectura psicológica bien documentada.
Cómo empieza: el sesgo de anclaje
Todo suele comenzar en las primeras horas de una investigación. En ese periodo se decide mucho —qué escena se prioriza, a quién se entrevista primero, y qué narrativa se considera “más probable”. Si el equipo investigador fija una hipótesis temprana (el llamado sesgo de anclaje), el resto de la investigación corre el riesgo de convertirse en “buscar confirmación” en lugar de “buscar la verdad”.
La cadena que lleva a la visión de túnel
Los sesgos cognitivos rara vez actúan solos. La secuencia típica documentada es la siguiente: se fija una hipótesis inicial (anclaje), se interpretan indicios ambiguos como confirmación de esa hipótesis (sesgo de confirmación), se reduce la investigación a esa única vía (visión de túnel), se presiona por cerrar el caso (necesidad de cierre), y lo que no encaja se minimiza o reinterpreta (racionalización). Al final, un caso puede sentirse “cerrado” no porque esté demostrado, sino porque el sistema simplemente dejó de hacerse preguntas.
Formalmente, la visión de túnel se define como el desarrollo de un foco rígido en un sospechoso que lleva a los investigadores a buscar y favorecer la recopilación de evidencia inculpatoria, y a descartar toda evidencia exculpatoria que exista.
Un caso puede sentirse “cerrado” no porque esté demostrado, sino porque el sistema simplemente dejó de hacerse preguntas.
No es solo un problema de policías: afecta también a peritos forenses
Uno de los hallazgos más importantes de la investigación reciente es que este sesgo no se limita a los investigadores de campo. Una revisión sistemática de más de 50 estudios entre 2010 y 2024 encontró que el sesgo de confirmación es el más persistente entre peritos forenses, llevándolos a favorecer hipótesis previas o expectativas institucionales, ignorando información contradictoria al analizar evidencia de ADN, huellas dactilares o balística.
Un factor de riesgo específico y bien documentado es la contaminación por información contextual irrelevante: antecedentes del sospechoso, confesiones obtenidas previamente, o juicios preliminares de agentes policiales o fiscales pueden influir —de forma inconsciente— en cómo un perito interpreta una muestra que, en teoría, debería analizarse de forma ciega y objetiva.
Un ejemplo concreto de cómo opera en la práctica
Un estudio académico chileno ilustra el mecanismo con un caso hipotético pero realista: si un fiscal recibe declaraciones contrapuestas del imputado y de la víctima, y una de esas versiones es concordante con su hipótesis investigativa, tenderá de manera inconsciente a considerar más relevante y confiable la información que confirma esa hipótesis, muchas veces sin siquiera investigar activamente para corroborar o descartar la versión contradictoria.
Por qué esto genera errores judiciales reales
Esta no es una preocupación puramente teórica. La literatura sobre condenas erróneas ha documentado el fenómeno de forma extensa: los sesgos no solo afectan a personas legas en la materia, sino a investigadores, expertos forenses y miembros de la comunidad judicial, provocando una “contaminación cognitiva” de las pruebas forenses a lo largo de todo el proceso judicial. Y esta contaminación es, en cierto sentido, contagiosa: se transmite fácilmente entre expertos, desde quienes recolectan o analizan una prueba en la escena del crimen hasta quienes interpretan el resultado final.
Cómo se mitiga (cuando se hace bien)
Los especialistas en reducción de sesgos proponen medidas concretas: separar sistemáticamente la reacción emocional de un sospechoso de la evidencia objetiva, usar guiones de entrevista neutrales con registro íntegro, y —el más importante para peritos forenses— aplicar procedimientos de “ciego” que impidan que el analista conozca información contextual irrelevante (como antecedentes penales previos) antes de examinar una muestra.
Conclusión
La visión de túnel no requiere mala fe: es una consecuencia predecible de cómo funciona la cognición humana bajo presión, plazos y la necesidad de resolver un caso. Reconocerla —en investigadores, peritos y también en quien narra un caso real— es parte del mismo rigor que debe aplicarse a cualquier evidencia.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la visión de túnel en una investigación criminal? +
¿Cómo empieza el sesgo de anclaje en una investigación? +
¿La visión de túnel afecta también a los peritos forenses? +
¿Qué es la contaminación por información contextual irrelevante? +
¿Por qué la visión de túnel causa errores judiciales reales? +
¿Cómo se puede mitigar la visión de túnel en una investigación? +
Fuentes
- Academia Criminalística — “Sesgos cognitivos: errores que desvían un caso criminal”
- Perspectivas Sociales y Administrativas — “El impacto del sesgo cognitivo en la interpretación de evidencia forense”
- Revista de Estudios de la Justicia (Universidad de Chile) — “Visión de túnel: notas sobre el impacto de sesgos cognitivos y otros factores en la toma de decisiones en la justicia criminal” (Beltrán Román, 2021)
- Revista Justicia & Derecho — “Litigando visión de túnel”
- Revista USAL — “Análisis e implementación de estrategias para prevenir o atenuar la contaminación cognitiva en pruebas científico-forenses”