Susana Chávez Castillo, poeta y activista de derechos humanos de Ciudad Juárez, México, es reconocida como la autora de la frase «Ni una muerta más» (posteriormente popularizada también como «Ni una menos»), un lema que se convirtió en símbolo internacional de la lucha contra los feminicidios. En enero de 2011, ella misma se convirtió en víctima de la violencia que había dedicado su vida a denunciar.

Una activista pionera

Chávez, nacida en 1974 en Ciudad Juárez —una de las ciudades más violentas de México, con más de 700 casos de mujeres asesinadas registrados entre 1993 y 2011—, comenzó a movilizarse desde la década de 1990 contra los crímenes y desapariciones sistemáticas de mujeres en su ciudad natal. En 1995 acuñó la frase «ni una muerta más», que se convirtió en insignia de la lucha feminista contra los feminicidios, utilizada por organizaciones de derechos civiles en México y, con el tiempo, en distintos países de la región.

El crimen

La noche del 5 de enero de 2011, Susana Chávez, entonces de 36 años, fue vista por última vez con vida en compañía de tres jóvenes de 17 años, quienes la habrían invitado a beber en la casa de uno de ellos. Según la reconstrucción de las autoridades, fue violada y asfixiada con una bolsa de plástico oscura sujetada con cinta adhesiva. Su cuerpo fue hallado la madrugada del 6 de enero en las calles Cristóbal Colón y Ramón Corona, en el centro histórico de Ciudad Juárez, con la mano izquierda amputada mediante un serrucho —un intento deliberado de los responsables por simular una ejecución vinculada al crimen organizado— y con excoriaciones por arrastre en distintas partes del cuerpo.

El arresto

Los tres sospechosos —identificados con los apodos «El Balatas», «El Pelón» y «El Pollo»— fueron detenidos poco después de cometer el crimen y presentados ante un Juez Especializado en Justicia para Adolescentes Infractores, por tratarse de menores de edad, bajo el cargo de homicidio calificado.

Una controversia sobre la calificación del crimen

Es un elemento central y ampliamente cuestionado del caso: el 12 de enero de 2011, el fiscal Carlos Manuel Sala negó públicamente que el homicidio de Chávez tuviera relación alguna con su activismo, calificando el hecho como «un encuentro desafortunado» entre la víctima y jóvenes «alcoholizados y drogados» que discutieron con ella hasta matarla. Esta postura oficial generó fuerte rechazo entre defensores de derechos humanos, quienes sostuvieron que las autoridades pretendían culpar a la víctima de su propia muerte. Norma Ledezma, coordinadora de la organización Justicia para Nuestras Hijas, declaró a la BBC en su momento: «El motivo importa, pero a ella la mataron por ser mujer. Es parte del clima de impunidad en que vivimos.» Es fundamental ser preciso: pese a estas declaraciones y a la condena generalizada de organismos de derechos humanos, el gobierno mexicano nunca reconoció oficialmente el crimen contra Chávez como un feminicidio en los términos que exigían las organizaciones defensoras de sus derechos.

La respuesta de organismos internacionales

Amnistía Internacional expresó públicamente su consternación por el asesinato, señalando que la propia autora de la frase «ni una muerte más» había sido víctima de la misma violencia de género contra la que había luchado, y realizó un llamado a las autoridades mexicanas para garantizar una investigación pronta, imparcial y apegada a estándares internacionales.

Un patrón repetido de activistas asesinadas

Un funcionario de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chihuahua señaló en su momento que el desenlace de Chávez replicaba el de otra activista, Marisela Escobedo, asesinada meses antes tras exigir justicia por el feminicidio de su propia hija, en lo que constituyó la tercera militante feminista asesinada en Ciudad Juárez ese mismo año por denunciar los crímenes sistemáticos contra mujeres en esa ciudad.

Un legado que trascendió fronteras

Pese a no haber llegado a presenciar en vida la trascendencia transnacional de su creación, la frase de Chávez —adaptada posteriormente como «Ni una menos»— se convirtió en el nombre de uno de los movimientos feministas más extendidos de América Latina, utilizado en marchas y manifestaciones masivas en Argentina, Chile, Perú y otros países de la región durante la década siguiente a su muerte.

Por qué el caso sigue siendo relevante

El caso Susana Chávez es un referente histórico central en el movimiento feminista latinoamericano, tanto por la trascendencia global de la frase que acuñó como por la disputa persistente sobre si su propio asesinato debió haber sido oficialmente reconocido como feminicidio, un debate que refleja las tensiones más amplias sobre la clasificación oficial de crímenes contra mujeres en México y la región.

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Fuentes consultadas

  • BBC Mundo (vía Diario.mx), «A Susana Chávez ‘la mataron por ser mujer'», con la cita textual completa de Norma Ledezma, coordinadora de Justicia para Nuestras Hijas.
  • Amnistía Internacional, comunicado oficial «Amnistía Internacional repudia el asesinato de la poeta y activista contra la violencia hacia la mujer en Ciudad Juárez» (enero de 2011).
  • El Universal (México), «Asesinan en Juárez a activista», con detalle completo de la escena del crimen y declaraciones del visitador de la CEDH de Chihuahua, Gustavo de la Rosa Hickerson.
  • Expansión (México), «La activista Susana Chávez es asesinada en Ciudad Juárez, Chihuahua», con detalle de los tres sospechosos detenidos y las declaraciones del padre de la víctima.
  • Cosecha Roja, «Susana Chávez, la poeta de Ciudad Juárez que gritó Ni Una Menos por primera vez», con cronología biográfica completa y contexto histórico del activismo de Chávez desde los años 90.
  • Wikipedia (en español e inglés), entradas «Feminicidios en Ciudad Juárez» y «Susana Chávez», con cronología cruzada verificada.

Nota editorial: este artículo documenta explícitamente la controversia entre la postura oficial de las autoridades mexicanas —que negó un vínculo entre el crimen y el activismo de Chávez— y la posición de organizaciones de derechos humanos que sostienen lo contrario, presentando ambas perspectivas sin adoptar una posición editorial propia sobre la calificación jurídica final del delito.