Una fachada de normalidad
Robert Hansen, conocido como el “Butcher Baker” (el Panadero Carnicero), es uno de los casos más singulares y perturbadores de asesino en serie documentados en Estados Unidos: un empresario aparentemente respetable de Anchorage, Alaska, que secuestraba, violaba y luego liberaba a sus víctimas en zonas silvestres remotas para cazarlas con un rifle, como si se tratara de presas de caza mayor.
Hansen se había mudado a Alaska desde Iowa en la década de 1960, antes del auge económico generado por la construcción del oleoducto trans-Alaska. Era propietario de una panadería en el centro de Anchorage, tan frecuentada por la policía local que, según relató el fiscal asistente que llevó su caso, “los policías iban ahí todo el tiempo por café y donas”. Estaba casado y tenía dos hijos, quienes —al igual que la comunidad en general— no tenían conocimiento de su vida criminal paralela.
El patrón de los crímenes
Entre 1971 y 1983, Hansen secuestró, agredió sexualmente y asesinó al menos a 17 mujeres, en su mayoría bailarinas y trabajadoras sexuales de Anchorage, un perfil de víctimas que —según reconoció posteriormente la investigación— facilitó que sus crímenes pasaran desapercibidos durante años. Su método era excepcionalmente metódico: tras secuestrar y agredir sexualmente a sus víctimas, las trasladaba en avión o automóvil hasta zonas remotas de la naturaleza de Alaska, donde las liberaba para luego perseguirlas y matarlas utilizando sus habilidades de cacería, con un rifle semiautomático Ruger Mini-14 y cuchillos de caza. Confesó además haber agredido sexualmente a otras 30 mujeres adicionales sin llegar a matarlas.
La captura
Hansen fue arrestado el 27 de octubre de 1983, después de que una joven trabajadora sexual, Cindy Paulson, lograra escapar de su cautiverio y alertara a las autoridades. Un registro de su vivienda reveló una habitación insonorizada y joyas de sus víctimas que guardaba como trofeos, lo que resultó determinante para vincularlo con los crímenes.
El acuerdo judicial
Ante la evidencia, Hansen confesó los 17 asesinatos como parte de un acuerdo con la fiscalía que le permitió evitar tener que enfrentar 17 juicios separados. A cambio de su confesión completa, solicitó cumplir su condena fuera del estado de Alaska —para reducir la posibilidad de encontrarse con conocidos suyos o de sus víctimas— y que su caso recibiera la menor cobertura mediática posible, condiciones que la fiscalía aceptó. Fue formalmente condenado por cuatro de los asesinatos y sentenciado a cadena perpetua más 461 años de prisión, sin posibilidad de libertad condicional. Alaska no contaba con pena de muerte en su legislación en ese momento.
Identificación de víctimas: un proceso que continúa
De las 17 víctimas confesadas por Hansen, solo 12 cuerpos fueron recuperados antes de su muerte, y varias permanecieron sin identificar durante décadas. En 2021, gracias al uso de genealogía genética forense, las autoridades de Alaska lograron identificar a una de sus víctimas, conocida durante 37 años únicamente como “Horseshoe Harriet”, como Robin Pelkey, de 19 años al momento de su muerte.
Su muerte
Hansen permaneció recluido en el Centro Correccional Spring Creek, en Seward, Alaska, hasta poco antes de su muerte, cuando fue trasladado a un centro correccional en Anchorage para recibir atención médica. Murió por causas naturales el 21 de agosto de 2014, a los 75 años.
Por qué el caso sigue siendo relevante
El caso Hansen es citado con frecuencia en criminología como un ejemplo extremo de “asesino cazador” que combinó su conocimiento práctico de caza y supervivencia en entornos silvestres con la selección deliberada de víctimas de comunidades marginadas para evitar ser detectado, y como caso de referencia sobre el valor de la genealogía genética para identificar víctimas décadas después de los hechos.